#PuertAbierta (Por Oscar Adame) Flujos de Conciencia

Lady Bird me recordó el amor que tengo por las escuelas católicas #PuertAbierta

La escena central de Lady Bird (2018) nos ubica en la oficina de la Madre Superiora, la Directora de la Escuela Preparatoria a la cual asiste la protagonista. Ellas platican encerradas en esta habitación de madera, decorada con imágenes religiosas. -Sé lo que hiciste-, le dice la monja con una sonrisa en el rostro, despertando la presión en el rostro del personaje interpretado por Saoirse Ronan. Ella necesita que le den una carta de recomendación para ser aceptada en la universidad y ahora que sabe que la directora sabe que le hizo una broma, lo más probable es que la manden a la mierda.

Contrario a lo que piensa, la madre no hace eso. En su lugar, empieza a describir los rasgos más evidentes de la protagonista. Toma su escrito y le dice. -Se nota que amas mucho a Sacramento. Lo leo en tus páginas, todo lo que escribiste a detalle-. Hasta este momento, lo único que Lady Bird había dicho en torno a su hogar es que quería escapar de él. Sin embargo, la monja reta su propia idea de lo que ama y empieza a describirla. Brillante, creativa, talentosa, aunque un desastre emocional.

Lady Bird escucha, ríe, y pregunta. -¿No está enojada por lo que le hice a su auto?-. La monja la observa, con cariño. -Claro que no. Fue muy divertido, se subió la Madre Teresa conmigo y estuvimos dando vueltas por el pueblo, todos nos saludaban. Lo único que me pareció un poco ofensivo es que escribieras que me acabo de casar con Jesús. No es cierto, llevo cuatro décadas con él-. Su interacción termina cuando la madre le da justo la llave de todos sus problemas. -¿No crees que el amor es atención?-.

Esta conversación es el punto pivotal de la película. Es la escena en la cual todas las concepciones que tenía Lady Bird con respecto a sí misma y a lo que quiere desaparecen. Obtiene la carta firmada por la directora, pero le deja una gran sensación de vacío al darse cuenta que va a extrañar mucho a Sacramento, tal como le dijo la monja. Dejará atrás a su escuela católica, las vivencias que tuvo en su pequeño pueblo, sus amigas, romances, y a su familia.

Pese a lo mucho que simpaticé con la protagonista, la escena se quedó conmigo porque muestra una cara muy positiva y realista de lo que es la escuela católica. Yo crecí como un niño bastante extraño, atendí Colegios Montessori hasta que llegué a la escuela primaria y de ahí todos los espacios en donde estudié fueron una gran carga. Contrario al modelo educativo con el cual me crié, las escuelas públicas y privadas mexicanas de educación básica son increíblemente restrictivas. Sentarse por horas a perder el tiempo, tomando dictado, viendo a cualquier pelmazo sobre un pizarrón leyendo cosas del estúpido libro de texto que tiene sobre la mano. Odié cada minuto. Cambié de escuela cuatro veces durante la primaria y en la secundaria llegué a un lugar previamente impensable para mi familia: Una escuela católica.

El Colegio Anáhuac de Cuautitlán. Con sus grandes campos verdes para jugar fútbol, sus canchas de baloncesto, sus instalaciones de computación, salones de eventos y una gran estatua de la Madre Teresa Del Refugio, jugando con un par de niños de metal, justo en su centro. Esperé algo como lo que había visto en cientos de películas y series animadas. Un lugar regido por un grupo de personas dictatoriales, cuyo principal objetivo es eliminar la diversión de todas las cosas que les gusta hacer a los niños y a las niñas.

Me imaginé tomando listado, perdiendo mi identidad dentro de hileras con cientos de miles de personas, utilizando uniformes descoloridos en un campo orwelliano. El Gran Hermano, la figura de Jesús Nuestro Señor, colgado de la pared más alta, sangrando y viéndonos con odio, diciéndonos -están aquí para servirme muajaja-. Pero eso estaba demasiado lejos de ser verdad. De hecho, la escuela católica se convirtió en el único lugar en el cual sentí la libertad de salir a descubrir quién era. Anteriormente, sentía presiones de profesores amargados, compañeros que estaban igual de perdidos que yo dentro de su infancia. Aun no éramos nosotros, pero tampoco podíamos averiguarlo con tantos regaños, tareas y juicios por parte de los adultos. Las monjas no eran así.

Sí, rezábamos. Tomábamos una misa de vez en cuando. Teníamos clases en las cuales leíamos, interpretábamos y coloreábamos La Biblia. Pero, las monjas nos dejaban tomar lo que quisiéramos de esos escritos, dar nuestra propia opinión de ellos y, al mismo tiempo, nos dejaban dar nuestra opinión de cualquier otro asunto. Discutíamos mucho con nuestros profesores, todo el tiempo y eso era muy saludable. A mí me gustaba hacer las cosas por mi cuenta, a mí manera, y aquí no tenían ningún problema conque siguiera con ese gusto. Estaban muy bien mientras fuera respetuoso, atendiera a mis clases y rezara un par de oraciones al día.

No me había dado cuenta de ello hasta hace poco, pero el empuje de la Madre Directora fue esencial para que me desenvolviera. Prácticamente me tomó, me dijo -no seas cobarde- y me lanzó a hacer de todo. -¿Quieres hacer obras de teatro? Va, abrimos una competencia para que presentes algo-, -¿Quieres romper reglas de cabello eh? Bueno, bueno, extendemos las posibilidades, pero no te pongas tan loco-, -¿Acabas de tirarle a tu bully un litro de agua de jamaica? Muy bien, estoy muy orgullosa de ti. Vas, ahora ve a disculparte y a decirle por qué te hizo encabronar-. Se trataba de la primera docente que tuve que de verdad estaba interesada en mi desarrollo y que sabía cómo lograrlo. Lo mejor es que podía hablar con ella de todo, como si fuera una amiga más de la escuela.

Es extraño. Pero sentí que en ese aspecto, y en muchos otros, la película da una gran impresión de lo que fue mi vida durante la adolescencia. Lady Bird no es católica, no se trata de una creyente. Por cuestiones de dinero, es la mejor educación que puede tener. Punto. Lidia con ella y nos muestran a través de sus ojos cómo es este mundo. Lleno de personas empáticas que no se toman nada a pecho. Es por ello que ella puede ser tan caótica. Pero al mismo tiempo, de ese caos deviene la formación de su personalidad real, convirtiéndose en un diamante con un futuro brillante.

En una entrevista, la directora Greta Gerwig mencionó que «lo que más me gustó de crecer en una escuela católica es el calor con el cual me incluyeron en todo pese a no ser católica, eso es muy emocional para mí». Ella describe que en su escuela le dijeron que «tienes que encontrar a Dios en todas las cosas; lo que quiere decir que en cada árbol, en cada roca, en cada persona hay algo divino». Ella dice que fue tratada de esa forma, como algo divino, y creo que yo también lo fui.

Es hermoso pensar en ello porque la película es muy real. Es una película sobre el amor, pero no de un amor romántico, ridículo y tradicional. Trata sobre cómo conservarlo, cómo se crea, en dónde buscarlo y en dónde no. Es sobre el amor por uno mismo, el amor a la vida, el amor por Dios. La cinta termina con Lady Bird, ya en Nueva York, levantándose temprano para ir a la iglesia, solo porque sí. Una vez ahí, decide levantar el teléfono y hacer una llamada a su madre, para disculparse por no valorar toda la atención que le dio. Ahí, re-conectan las protagonistas de esta historia. Una, dándose cuenta que pese a la distancia, su hija va a seguir estando con ella, puesto que es parte de sí misma. Y la otra, aceptando quién es y de dónde viene.

-Qué ridículo que la gente no crea en Dios, pero usen los nombres que sus padres les dieron-, afirma Lady Bird, al final de la cinta.

Oscar Adame

Nada en mí es original. Soy el esfuerzo combinado de todo aquel al que he conocido.

Contacto: oscar.adame@poolpmx.com

También puede gustarte...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *