Entrevista: Deerhunter - Bradford Cox
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Entrevista: Deerhunter – Bradford Cox

Cuando pienso en las pláticas más complicadas y reveladoras que he tenido como periodista, sin duda la primera que me viene a la mente es la que mantuve con Bradford Cox. Una conversación telefónica de poco menos de dos horas que nos conectó a través de distintos escenarios: Su hogar, en compañía de su perro; los puentes de Nueva York, a través de los cuales paseaba a su perro; y la casa de su vecina «la chismosa» que lo invitó/obligó a pasar para tomar unos pastelitos y admirar juntos a su perro.

Siempre me he considerado como un determinista. Desde que recuerdo, pienso que mi trayecto de vida ya está escrito. Todo lo que somos es el resultado de lo que vivimos. Lo que he vivido y viviré está determinado por una cadena irrompible y eterna de consecuencias fuera del control de cualquiera. Pero, no es tan malo como suena; a fin de cuentas, pensar de esta forma te da la libertad de sentir que los errores que has cometido son parte de tu aprendizaje y que todo lo que sucede es por un bien mayor. También te retira la culpa. En la vida solo hay que dejar ser, fluir y disfrutar.

La mayoría de las personas se enfadan cuando describo esto. Reaccionan como si le quitara algo importante. Puede ser la esperanza de que lo que hagan importa. De que ellos mismos importan. Pero, yo no lo veo de esa forma. Que no seas libre de tu accionar, no quiere decir que no importe. Pero, entendí esa desilusión, ese aferre a la idealización del peso de mis acciones cuando platiqué con Bradford Cox.

Su visión es mucho más firme y cruda que la mía. Poco flexible. Para él, nada es obra del hombre. Todo es obra de su entorno y de la historia. Fue extraño sentir tan firme a un músico tan aclamado por romper con las estructuras musicales tradicionales. Él está seguro de que todo lo que ha hecho no es por su propio genio; es obra de la vida, utilizándolo como su marioneta. Aquí está, muy probablemente el último gran genio que nos va a dar la música rock, afirmándose como el resultado de algo que no ha elegido.

«No escribo canciones, no decido sobre qué escribir, no me siento a pensar – quiero escribir una canción sobre la Revolución Industrial -, simplemente pasa de forma subconsciente. Son mis deseos profundos». 

He sido un gran fan de Deerhunter desde la preparatoria. Su música me parecía atractiva debido a su facilidad para ahogar al escucha en capas de sonido ensoñadoras. Agarofóbicas. Lejos de los géneros tradicionales. Mucho más agresivos que el shoegaze o el dreampop tradicional, pero elegantes. Repletos de elementos barrocos. Viejos, pero con tintes vanguardistas. Tal como los versos de Bradford. Llenos de dolor, pero poéticos.

Inicié la llamada con una gran ilusión. -Te llamo de WARP, tenemos una entrevista-, le declaré. -Claro que sí. Te estaba esperando, vamos a por ella-, me contestó con gusto.

Un par de minutos después, nos encontramos discutiendo con fervor con respecto a la definición de la palabra -nostalgia-. Para Bradford, -la regla de toda adicción, no nos permite el movimiento ni el crecimiento porque genera un romance por el pasado, paraliza a la gente y no deja que quieran moverse-. Yo concordé solo en que era -el mayor símbolo del romance-.

De acuerdo a como veo la vida, el romance es el mayor valor. La regla por la cual se debe de regir nuestro trayecto. Las pasiones, los arrebatos naturales que llegan al amar. Lanzarte con emoción sobre tus escritos porque adoras tu trabajo. Meterle la lengua hasta la garganta a una chica porque contener las ganas de comértela es una tortura. Abrazar a tu gato hasta liberar todas las tensiones que su ternura te provoca. Para Bradford, el romance es un -veneno para la lógica y la nostalgia es lo mismo, es estar permanentemente enamorado. Una colección de ideas falsas, de ornamentos intelectuales, decoraciones, no es nada. Es inútil. No va con los sentimientos o la filosofía-.

Eso paso en los primeros cinco minutos de dos horas de conversación. Fue intenso. Nos gritábamos. Nos interrumpíamos. Pero seguíamos platicando con curiosidad el uno sobre el otro. Él quería que continuara y que continuara con mis preguntas, diciendo que era una conversación demasiado intelectual para -una revista de rock-.

Todo se rompió cuando empezamos a hablar de su asexualidad y le confesé que en México las cifras de homicidios por homofobia siguen siendo muy altas. Entristeció, sentí su tristeza, sincera, y entonces la luz de nuestra conversación se apagó. Hablamos un poco más, pero la adrenalina sucumbió, su vecina volvió a tocar a su puerta y yo decidí despedirme.

Entrevista: Deerhunter - Bradford Cox

Oscar Adame

Nada en mí es original. Soy el esfuerzo combinado de todo aquel al que he conocido.

Contacto: oscar.adame@poolpmx.com

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