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Transformers 4: Los Excesos de Mr. Bay

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Sucede muy seguido que los críticos de cine profesionales entran a las salas en que se exhiben películas de acción con la impetuosa necesidad de destruirlas a base de argumentos bastante cuestionables. Estos señores saben de antemano que no van a encontrar actuaciones dignas del Óscar, ni guiones influenciados por el humanismo filosófico, o la obra de Proust. Sin embargo, rebuscan sus palabras para denigrar a todo aquel que guste del cine explosivo.
¿Por qué comenzar una crítica a Transformers 4 hablando de esto? Sencillo: porque aún excluyendo todos esos formalismos críticos, la nueva película de Michael Bay sencillamente no funciona. En las siguientes líneas, les contaré los motivos por los cuales La Era de la Extinción no puede ser considerada una buena película de acción.
La mayoría de los grandes blockbusters que se graban hoy en día tienen un propósito muy simple y definido: entretener. La idea no es emocionar a la audiencia hasta las lágrimas, o mandarles a casa reflexionando las cualidades del ser humano ante la adversidad.
Es en este contexto que entra en escena el señor Bay, cineasta que para bien o para mal ha sabido crearse una firma propia, y la imprime en todas las cintas que toca con elementos que él mismo ha vuelto clichés. Los low angle shots, atardeceres eternos, la bandera estadounidense sobre todas las cosas y por supuesto, las explosiones, son una regla patentada de la casa. Transformers 4: La Era de la Extinción parece una película que se guiña constantemente a sí misma. Las autoreferencias plagan las abultadas tres horas de metraje, así que queden avisados que, si no les gustó ninguna de las entregas anteriores, paren de leer y salten directo a la conclusión de que esta vez no será diferente.

La historia toma lugar años después de la batalla de Chicago en la entrega anterior. Los humanos han desarrollado paranoia ante los ataques extraterrestres, por lo que una nueva división secreta de la CIA ha surgido con la misión de cazar a los Transformers o cualquier otro tipo de actividad sospechosa. Cade Yeager es un inventor en bancarrota que un día encuentra un camión poco usual. A partir de este momento, Cade, su hija y el novio de ella deberán ayudar a Optimus Prime a vencer a los enemigos humanos y aliens que amenazan el futuro de la Tierra.

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Muchas veces se ha dicho que el cine de Bay falla porque busca demasiado el espectáculo visual, y olvida por completo la trama, pero su servidor no está de acuerdo con este argumento. Todas las películas de los robots alienígenas van dirigidas a una audiencia que quiere acción, por lo que resulta ridículo culpar a la abundancia de la misma. No señores, la cosa es mucho más sencilla. Michael tiene un problema muy serio de ritmo.

Existen películas de acción pura magníficas que se sostienen a base de balas, piruetas, golpes y explosiones. Tan solo en los últimos años tuvimos ejemplos claros, como The Raid y Dredd. A lo largo de cuatro entregas, Bay ha seguido la misma fórmula: una duración excesiva que concentra la acción en su tercer acto, e intenta justificar por todos los medios una trama ridícula durante más de dos horas.

Si La Era de la Extinción, al igual que sus antecesoras, durara una hora menos, y cortara la mayoría de sus aburridas escenas de conversaciones entre protagonistas humanos que no logran conectar nunca con la audiencia, tal vez tendríamos un producto decente. ¿Cuál es la necesidad de argumentar durante minutos y minutos una trama que incluye robots montados en dinosaurios? El público casual sabe perfectamente que se encontrará con una cinta de trama ridícula.

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De cualquier forma, debo otorgarle algunos aciertos a esta entrega. El reemplazar a Shia LaBeouf por Mark Wahlberg permite que tengamos por primera vez en la serie un personaje humano que puede patear traseros, y verlo disparando armas extraterrestres de su tamaño nos damos cuenta de lo mucho que se divirtió en el rodaje. Otra adquisición valiosa es Kelsey Grammer como uno de los villanos, un agente de la CIA que ha creado una división para cazar a los Transformers. Su trabajo es muy bueno, e impone bastante.

El resto del reparto pasa sin penas ni glorias. Desde Stanley Tucci como una suerte de Steve Jobs recargado, hasta Nicola Peltz, la hija de Wahlberg que no aporta nada a la historia más que atractivo visual, Bay se pone a repasar una y otra vez las interacciones poco interesantes de estos personajes.

El problema de Transformers 4 es, por lo tanto, sus excesos. Exceso de duración, exceso de subtramas, exceso de villanos (un ejército robot, dos bandos de humanos y un cazarecompenzas intergaláctico), exceso de personajes, y llegando la hora, exceso de efectos visuales. No ayuda en nada el hecho de que todos los golpes y balazos se encuentren en la marca de las dos horas de cinta, un punto en que la audiencia estará ya sumida en un aburrimiento profundo, con la sensación de que la historia nunca avanza, y la repetición que sucede en este último acto, lejos de despertarnos y entretenernos, termina de sumirnos en el sopor.
En resumen, la película no cumple como entretenimiento, y ese es el fallo más grande de una película de acción. Sólo nos queda esperar que en la inminente secuela, Bay aprenda de sus errores. Sin embargo, no tengamos esperanzas muy altas. Recordemos que lleva cuatro entregas muy similares entre sí, y que tristemente no ha sabido corregir.

Como apuntes adicionales, el 3D está muy bien conseguido, por lo que si paga por este formato, al menos no sentirá que tiró dinero extra en él, y los Dinobots, tan asquerosamente bombardeados en la campaña publicitaria, no hacen acto de presencia durante más de quince minutos, y aparecen de la nada, como recurso de último minuto.

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Fernando Valencia

Economista por profesión, cinéfilo y melómano por convicción.

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