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“The Waiting Room” de Tindersticks, un disco para jugarse el cuello y perderlo

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Alguna vez leí a Pavese decir que la razón por la cual uno acepta morir, es la misma razón por la cual uno se enamora. Entonces pensé que una forma profunda y poética de reconciliarte con la vida es abandonar todo, dejar que el incendio interno lo consuma todo, jugarse el cuello y perderlo. Es así como podría describir el último disco (y todos)  de los Tindersticks.

 La voz de Ashton Stuart Staples es un incendio que derrite todo, de punta a punta, dejando algunas huellas de nostalgia, de añoranza y, al mismo tiempo, de una esperanza singular. Su nuevo álbum titulado The Waiting Room, provee el sonido característico de la banda, ese que abrevia el jazz, el blues y el rock con largos pasajes que revisten a un ambiente oscuro y muchas veces a un dulce imaginativo.

El álbum abre con Follow Me una pieza de apenas 2:50 minutos con una melódica que hace brecha de una manera sutil. Completamente instrumental, al instante de dar play, nos remite al antepenúltimo álbum The Something Rain, donde largas piezas se perdían en una espiral de emociones bajas.

TINDERSTICKS

Otras piezas como Were We Once Lovers? The Waiting Room, Help yourself o Like only lovers can, nos dejan claro que la creatividad de la banda se mantiene perfectamente engrasada. Juegan con las texturas y ambientes que se han manifestado con gran maestría en álbumes como: Simple Pleasure, Curtains o The Hungry Saw.

Este disco se envuelve de ternura y memoria cuando en la canción y primer sencillo del disco, Hey Lucinda, podemos escuchar la voz de la amiga fallecida de Stuart Staples, Lhasa de Sela, quien falleció en el 2010 a los 37 años, víctima de cáncer. Un momento electrizante que nos conduce hasta el horizonte de las emociones.

Sin duda es un disco que puede funcionar bien de camino a la escuela o el trabajo, pegado a la ventana, o bien, de madrugada, cuando todo el mundo duerme. Es el soundtrack perfecto para acompañar insomnios que traen a colación personas, sueños, errores.

Dejemos que la voz/incendio de Staples, junto con su sequito de ángeles, nos haga flotar por cada una de sus notas. Un disco recomendable para levantarse, para intentarlo una vez más, para convencerse a uno mismo de que vale la pena jugarse el cuello, incluso cuando lo perdemos.

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