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The Hunting Party: La Involución como mecanismo de Evolución

Si hacemos una retrospectiva de las bandas que nos gustaba escuchar hace diez o quince años, es muy probable que nos topemos con el hecho de que muchas de ellas se perdieron a mitad del camino.
Tal vez si ahora mismo abres tu reproductor y buscas a bandas como Korn, Stone Temple Pilots o Papa Roach, notes que lo más nuevo que tienes de ellos data de la primera mitad de la década del 2000. Y es precisamente en el contexto de esta época que comenzaremos nuestro recorrido por The Hunting Party, sexto album de estudio de la banda estadounidense Linkin Park.

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¿Recuerdan la primera vez que escucharon Hybrid Theory o Meteora? No se trataba de un concepto nuevo, ni de lejos. Pero la mezcla de la clásica banda de rock con rap y un DJ atrajo la mirada del mundo. Estos jóvenes estaban llenos de agresividad, de una rabia latente que los catapultaba al estrellato y que, a inicios de 2004, los tenía en una carrera a la cima de la escena alternativa. Era música trascendente, que a la fecha continúa tan vigente como entonces.
Cuando en 2007 apareció Minutes To Midnight, la gente no supo como debía reaccionar. Los críticos tuvieron comentarios mixtos al respecto, y aunque ciertamente incrementó la popularidad de la banda entre la demografía ávida de música pop con mayor calidad que lo que se ofrecía en las casuales estaciones radiofónicas, el elemento del enojo había casi desaparecido.
De pronto, sin mayor aviso, perdimos a Linkin Park en un mar de canciones soft rock, melancólicas y sin mucho que contar. Incluso su desempeño en listas bajó considerablemente para una banda que se había acostumbrado a tener discos de platino. En 2012, Living Things pasó sin penas ni glorias por las tiendas, y la crítica lo tachó de mediocre.
Chester, Mike, Brad, Dave, Joe y Rob tenían ya algunas ideas preparados para lo que sería su siguiente disco, que sería una continuación del sonido de Living Things. Sin embargo, en un momento antológico, la banda decidió que era necesario darle un nuevo aire a su sonido. Y por nuevo aire, me refiero a un viejo recuerdo. Entraron al estudio de grabación, improvisaron un poco, y con la producción de Mike y Brad lograron rescatar la ira de días pasados. The Hunting Party había nacido.
12 canciones, poco más de 45 minutos, y algunas colaboraciones fueron suficientes para devolvernos a la agrupación que hizo que nuestros cabellos se sacudieran en el pasado. Tracks como Keys To The Kingdom, War o el propio sencillo Guilty All The Same nos demuestran que hoy, en plena madurez, Linkin Park aún tiene sentimientos guardados, y no teme sacarlos.

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En una odisea de gritos, riffs pesados, coros pegajosos y una batería que haría enojar a tus padres, Chester Bennington y compañía nos acompañan de la mano en un recorrido a lo largo de su propia historia, y la del rock en general. Lo mismo escuchamos el heavy metal detrás de Wastelands, el Nü Metal de Rebellion (canción que cuenta con la colaboración de Daron Malakian, de System of a Down) y el punk noventero de War. Los elementos electrónicos pasan a ser un actor más, y no el protagonista definitivo, como ya había ocurrido en previas entregas. Es un disco de rock puro y duro, ruidoso y rebelde.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. Pareciera que los chicos utilizan buena parte de su potencial destructor de golpe, causando que la recta final se sienta ligeramente más contenida. Canciones como Mark The Graves y A Line in The Sand, corte de más de seis minutos, aprovechan su duración para construir momentos climáticos, pero es un aspecto que no se aprovecha del todo.
Drawbar merece una mención aparte. Se trata de una colaboración con Tom Morello, y al escuchar el tono de la placa, resulta imposible no emocionarse al leer su nombre en el tracklist. Sin embargo, nos encontramos ante una canción instrumental, con una carga importante de piano. No es mala, pero decepciona.
Líricamente, se pueden escuchar clichés muy claros. Prueba de esto es el coro del sencillo Untils It’s Gone, que utiliza literalmente la frase “No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Sin embargo, aunque no es un apartado que destaque particularmente, no distrae y por el contrario, muestra destellos de trascendencia en Guilty All the Same, o Wastelands, que tocan temáticas como política, la decadencia social o la inconformidad.
En resumen, The Hunting Party no es perfecto, pero nos deja con la sensación de que, si la agrupación sigue por esta línea, algo grande se avecina. Puede que la banda pierda fans que cosecharon durante su lapso más comercial, pero para quienes extrañaban su sonido, hay muy buenas noticias. Linkin Park ha vuelto, y veremos lo que les depara el futuro. Por lo pronto, su sexto album seguro que vale la pena.

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Fernando Valencia

Economista por profesión, cinéfilo y melómano por convicción.

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