Texto por Adriana Kong

Hank (Paul Dano) está cansado de su rutina, aburrido de su vida y refugiado en su soledad. Con ímpetu se encuentra en una bahía a punto de cometer suicidio cuando Manny (Daniel Radcliffe) aparece repentinamente entre las olas. Manny no da señales de vida, lo único que sabemos de él son los sonidos malolientes que emite debido a su descomposición. Hank encuentra una oportunidad en esta aparición para entablar amistad con un cadáver y revivir de su aislamiento.

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Comienza una aventura en la que ambos personajes emprenden un viaje para regresar a casa y descubrir lo que han olvidado. Al estar privados de la gente y el mundo ordinario reflexionan sobre asuntos habituales de la vida, por un lado Manny es un personaje inocente y sensible que pregunta demasiado. Hank, por su parte, le enseña pacientemente las reglas básicas de la vida. Juntos se cuestionan algunas normas sociales que parecen absurdas y construyen un imaginario en el que habitan los deseos.

Las exageradas y constantes flatulencias mantienen en un inicio al espectador incómodo que funciona como metáfora a la cotidianeidad, la película logra extrañarnos y sacarnos de nuestra zona de confort como público. Logran sorprender de una manera única y extraña a la comedia dramática. Hacia el final de la película nos damos cuenta que todo el tiempo estuvimos en la mente de Hank, ahora, nos relacionamos con él y su forma de habitar nos conmueve.

El dúo de directores Daniel Kwan y Daniel Scheinert tuvo un acierto al desafiar el género y las conformidades de la audiencia con referencias cinematográficas y literarias constantes. La interpretación de Manny por parte de Daniel Radcliffe tiene un nivel de complejidad que integra la muerte en un personaje infantil pero de carácter soberbio, sin romper con la personificación de alguien muerto.

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En una sociedad contemporánea en la que la generación se ve relacionada con síntomas de depresión, ansiedad y confusión; sobresalen los pensamientos suicidas, lo absurdo de la sociedad y lo difícil que es esforzarse para sobrellevarlo.

Un cadáver para sobrevivir (Swiss Army Man) es una película que permite empatizar con el espectador sobre asuntos psicológicos recientes. Hace una crítica hacia la empatía  e invita a desafiar al espectador a aceptarse a sí mismo y eliminar sus prejuicios.

Una película ideal para reflexionar y hacer una introspección de cómo nos  comportamos entre los demás y las reglas irónicas de la sociedad y la incapacidad que nos hemos creado de levantar la voz y ser empáticos con los demás.

Autor Fernando