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De cara a la nueva Constitución de la Ciudad de México, nos encontramos ante un sinfín de oportunidades de crear un conjunto de leyes que aporte en materia de políticas públicas y culturales, de gestión, de seguridad, de identidad y, sobre todo, de dignificar el ser ciudadano, entre otros temas de completa importancia.  Sin embargo, la tarea no será fácil, pues al ser una de las ciudades más pobladas en el mundo, la palabra “inclusión” es más que un concepto un reto. La participación ciudadana es fundamental en este ejercicio de democracia. Uno de los temas a seguir dentro de la cultura es la propuesta acerca de abolir las corridas de toros en la Ciudad.

El pasado domingo, en la puerta principal de la monumental Plaza de Toros, aficionados a la fiesta brava se reunieron para hacer sentir su voz a favor de las corridas de toros, provocando enfrentamientos entre los que están a favor y los que se oponen. Ante dicha disputa, decidí buscar a uno de los pensadores más importantes dentro de la cultura y contracultura en México, el maestro Salvador Mendiola, quien nos habla de la fiesta como rito y como el ruido y la vida. Comparte vasos comunicantes que van más allá de la tortura y la violencia.

El llamado movimiento anti-taurino, es uno de los movimientos que se ejerce a nivel mundial, principalmente en Cataluña, donde se lanzó la propuesta de abolir las corridas de toros. El argumento de la barbarie, la violencia y la tortura son los pilares que sostienen las consignas de los “antis” quienes en más de una vez se han enfrentado en diversos escenarios a los  taurinos. Desde las calles hasta foros de tv donde exponen sus ideas sin llegar a puertos comunes.

En México, la cosa no es distinta, sin embargo, hay puntos en cuales vale la pena detenernos, pues vivimos en un país que pasa por una ola de violencia en muchos sentidos, desde la guerra contra el narco hasta las muertes de mujeres. La violencia no es algo que radique en los ruedos, se produce y se consume en muchos niveles, incluso, es irónico, la forma en que se celebra la muerte o cornada de un torero, dejando en tela de juicio y abierto al debate, la idea de tortura y violencia. Por lo tanto, dejamos el balón botando buscando diversificar las opiniones y argumentos frente a las corridas de toros, alternativas o prohibiciones.

Cabe decir que lo que declara Salvador Mendiola no tiene relación con la opinión de POOLP o de sus colaboradores.

¿Cómo tratar el asunto de la fiesta brava frente a la próxima Constitución de la Ciudad de México, como un asunto ambientalista/animalista, como un asunto meramente político o como un asunto de cultura e identidad?

Salvador Mendiola: Lo sensato es validar todos esos asuntos a la vez para legitimar la presencia de la fiesta en la vida cotidiana de la ciudad. Lo mejor sería que la dichosa constitución de La Mancera Rosa no mentara para nada los toros, que para ello no son los contratos sociales. Que se les considere un espectáculo como el box o el soccer y ya, que no se les pongan lunares de intolerancia rancia.

¿Es un tema que vale la pena discutir frente a otras problemáticas que enfrentamos como país y sociedad?

Sí. La tauromaquia es una auténtica marca o rasgo de identidad cultural propia, un espectáculo cuyo nombre no termina en “-ball” ni viene organizado desde la lengua inglesa y la mentalidad gabacha.

Además, es una religión más legítima y legal que el catolicismo o los testigos de Jehová.

¿Cuáles son los mayores riesgos que usted prevé ante una posible prohibición de los toros?

Riesgos graves, pocos. Unas personas sabias y cultas que sufriremos por ello. Aunque lo cierto es que para poder prohibir los toros se necesita cambiar la Constitución de verdad. La Constitución surreal de la Mancera rosa podrá prohibir lo que quiera y sueñe pero la realidad la determina la verdadera Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El otro riesgo menor será la pérdida de fuentes de empleo para mucha gente. A la larga, será una grave pérdida sociocultural, la prohibición nos vuelve más sajones y protestantes, nos quita lo hispano y católico

Parece que se olvidan que la tauromaquia no sólo es una cultura, sino una industria que da, provee de empleos y genera economía

Es el punto justo que protege la Constitución de verdad y la de los loquitos de la CDMX no puede nada contra ella. Su prohibición la echará abajo la defensa del derecho humano al trabajo. Y para lograrlo no se necesitan manifestaciones políticas sino buenos abogados para presentar las debidas solicitudes de amparo, como ha ocurrido ya donde han intentado antes tal prohibición moralina.

¿Qué opina de las corridas sin muerte al toro? ¿Cree que se rompe la simbología de la batalla a muerte?

Evidentemente sí se rompe ese sentido de lucha a muerte. También se pierde el muy sagrado y profundo sacrificio de la sangre derramada, uno de los puntos didácticos trascendentales de la tauromaquia, su forma de enseñar y vivir la relación vida/muerte.

¿Qué papel juega la tolerancia en este asunto?

La tolerancia es un asunto de teología y religión. La tolerancia es dejar hacer que el otro haga su deseo hasta que te choca y entonces le aplicas la santa inquisición y lo quemas en leña verde diciendo que eso es algo legal, porque lo toleraste hasta que se pasó y se metió en el libertinaje y bla bla bla.

Lo que sí debe haber es absoluta libertad de expresión y total libertad de mercado, cuestiones esenciales para el buen funcionamiento de una sociedad como la mexicana. Mi idea es que no se debe prohibir nada porque de nada sirven las prohibiciones para impedir que algo ocurra.

¿Es verdad que la “evolución” de una sociedad es la de una sociedad sin una fiesta donde se enaltece la violencia y la tortura, cuando algunos de esos mismos anti taurinos celebra la cornada o muerte del torero?

Ya respondes. Es doble moral. Hay una contradicción esencial, por no decir que una enfermedad mental, en quienes defienden a un animal y gozan con el sufrimiento de un ser humano.

Como sociedad ¿Qué podemos aprender y que no de la tauromaquia?

Como religión civil más antigua de la historia, la tauromaquia contiene un saber infinito, de principio sobre la vida y la muerte, luego sobre lo real y lo artificial y de allí en adelante hasta educar para convivir en un ágora demócrata y libre. Lo que no se debe aprender es difícil de establecer, pues poco tiene que promueva cosas indeseables. En ese caso, el fut pambolero es menos edificante, tanto en la cancha como en las gradas.

La fiesta brava siempre ha estado ligada a grandes personajes del pensamiento como Dalí, Ortega y Gasset, Pablo Picasso, Hemingway, incluso el “Che” Guevara, ¿a qué cree que se daba esta relación y, sobre todo, cree que la fiesta se ha convertido en un espectáculo de clase social?

Los toros son muy demócratas, tanto en las plazas como en la tele y otros medios. Que los ganaderos sean de una clase social no quiere decir que el público de la fiesta también lo sea.

Tal grandeza de la fiesta taurina es lo que atrae el interés de las mentes intelectuales y las almas nobles. Comprenderlo como cuestión religiosa sin dogmas y sin sacerdotes lo hace más atractivo para las personas que aún buscan lo sagrado en medio de la noche del nihilismo. Ver, mirar y pensar lo que ocurre en el ruedo y la plaza es arte primero que nada, arte cívico.

Luego la tauromaquia es una filosofía. Un saber hispano, próximo a Séneca y Ortega y Gasset.

Para finalizar ¿En qué se parece el ruedo a la vida?

Creo que entre el ruedo y la vida no hay diferencia. El ruedo es una lupa para contemplar la vida muy de cerca, tan cerca que se ve la muerte. La actual vida social entera discurre dentro y en torno a un ruedo de tauromaquia, la fiesta es una síntesis de la vida y la muerte sociales, humanas, ciertas. Estudiar la fiesta es estudiar la vida. Y siempre todo con la muerte muy presente, sin enajenarla fácilmente como hacen los espectáculos de esencia gabacha y protestante.