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Texto: Fernando Valencia

Fotos (Futurista, Sadfields, Chawa y Vaya Futuro): Fernanda Piña (@ifoughtthewar)

           (Jean Loup y Rodeo Way): Vianey Conde (@vianys_29)

Imaginemos un paisaje urbano por un segundo e intentemos definir cosas que podrías encontrar debajo de un puente. Las respuestas más comunes probablemente incluyan vagabundos y drogas pero en nuestra CDMX hasta el rincón más inesperado respira lleno de vida. Debajo del Circuito Bicentenario existe un santuario dedicado a la música, un Templo Violento. Para celebrarlo, la noche del viernes los chicos de Violencia River citaron a seis proyectos de la escena independiente mexicana: Futurista, Sadfields, Chawa, Vaya Futuro, Jean Loup y Rodeo Way fueron los encargados de incendiar el lugar.

Futurista

La primera banda del evento siempre tiene la tarea más compleja. Futurista es una banda originaria de la capital, y aunque llevan poco tiempo haciendo ruido, comienzan a crear un seguimiento alrededor de sus ritmos electro/funk.

Los chicos, un poco nerviosos, inician su corto set ante un público demasiado disperso. Muchos de los presentes observan  sentados, lo que provoca una clara incomodidad en ellos. Ante el entusiasmo de Futurista, unos cuantos curiosos dejan sus lugares y se acercan al escenario. Paulatinamente, comienzan a ganarse los aplausos, y antes de interpretar su última canción el vocalista, que ha estado en un constante estado de trance, pide a todos que se levanten a bailar. La gente los despide bien y la noche comienza a tomar sabor.

Sadfields

La pista del recinto se encuentra ya más concurrida y la gente continúa llegando. Luego de un retraso considerable, tres figuras toman el escenario. De la nada somos partícipes de un auténtico torbellino de sonido con la propuesta shoegaze y noise rock de Sadfields. El estruendo es tan hermoso como ensordecedor y la atmósfera se vicia con un toque de tristeza. El frontman deja escapar algunos lamentos casi imperceptibles mientras el bajista toca un instrumento con dos cuerdas y el baterista demuestra toda su habilidad para crear sonidos agobiantes.

Cuando llega la hora de terminar con su set, la mayoría del público ya se encuentra de pie aplaudiendo la energía de la banda, volviéndose parte de un ritual hipnótico. La destrucción alcanza al vocalista, que termina en el piso maltratando su guitarra con singular maestría, generando un halo de brutalidad alrededor suyo y arrancando los aclamos de un público que ya está más que prendido.

Chawa

La propuesta de Chawa es perfecta para aligerar un poco el ambiente. Los chicos bromean, saludan y se divierten con su audiencia, al tiempo que demuestran una técnica perfeccionada en la ejecución de sus canciones. Pasan de la tranquilidad al descontrol en cuestión de segundos.

Se trata de la primera banda del evento que lleva ya una base de fans. Incluso piden a uno de los presentes subir a modelar su playera de la agrupación. La gente canta y vive cada una de las líneas de su música, mientras los no iniciados tratan de mantenerse al tanto con sus constantes cambios de ritmo. Tras una gran actuación, uno de los guitarristas termina entre el público, llevándose todas las palmas. Aunque la noche ya no es tan joven, el lugar se encuentra en pleno punto de ebullición.

Vaya Futuro

Uno de los platos fuertes de la noche, sin duda, fue Vaya Futuro. Muchos se agolpan ya en el frente del escenario, deseosos de ver a los norteños. Se toman su tiempo permitiendo que la emoción crezca a un ritmo desenfrenado. Al iniciar por fin su presentación, se vuelve evidente la gran calidad de la banda.

Tocan unas pocas canciones, alternando entre la fiereza de su material debut y lo cerebral de su más reciente producción, el aclamado Perro Verde y Triste. Incluso se dan el lujo de extender una sesión de jamming para ponerle punto final a su actuación. Su magnética potencia mantiene a todos con los ojos clavados en ellos hasta el último instante.

Jean Loup

Celebrando sus primeros cuatro años de existencia, los chicos de Jean Loup ofrecieron una presentación especial acompañados de un trompetista y un sintetizador. Pese a ser una banda relativamente joven, se nota bastante su práctica, se mueven como una máquina perfectamente sincronizada y destapan la pasión entre un público completamente entregado a ellos. Podrían decirnos que llevan más de diez años en la escena, y lo creeríamos de inmediato.

Tomando temas de sus EP’s y dando protagonismo a su reciente Valerio y la Última Vuelta al Palejonú, el sonido inspirado en el math y el post-rock volvió las primeras filas del recinto una auténtica zona de guerra, dando paso al viejo slam, los brincos desenfrenados y hasta un poco de crowdsurfing. Al finalizar, varios abandonaron el Bajo Circuito, totalmente exhaustos, pero con grandes sonrisas en sus rostros.

Rodeo Way

Ya pasadas las 2 de la madrugada, la última banda en hacer acto de presencia fue Rodeo Way. El foro se encontraba semivacío, pero eso no impidió que entregaran todo en el escenario. Su mezcla de géneros, capaz de pasar del hip hop al electronic rock en un parpadeo, logró que varios terminaran despidiéndose de sus inhibiciones y sacaran sus mejores pasos de baile.

Un momento que desconcertó a todos, sin embargo, fue cuando un sujeto aparentemente alcoholizado tomó el micrófono para llamar a la banda “hipsters de mierda“, y comenzar a gritar “so-jodidos“. Si se trataba de un acto planeado nadie lo comprendió y pronto la seguridad sacó al tipo ante los abucheos y mentadas por parte de la afluencia.

Para destruir estos Templos Violentos, el guitarrista y el tecladista bajaron entre el público cantando con la gente, entrando a los golpes y mirando a todos directamente a los ojos al ritmo de “¿Cuánto has perdido?”. Tras alrededor de cinco horas de música pura y dura, los valientes que decidieron terminar el ritual en Bajo Circuito dejaron el sitio satisfechos, aprovechando para hablar con las bandas afuera mientras éstas esperaban sus transportes. Larga vida a Violencia River, a Futurista, Sadfields, Chawa, Vaya Futuro, Jean Loup y Rodeo Way.

Autor Fernando