Parece ser que los críticos hemos llegado a un acuerdo implícito con Suicide Squad: el travestir nuestro trabajo convirtiendo lo que podría considerarse una reseña objetiva en opiniones extremadamente personales, como las que haríamos en nuestro Facebook, o divididas en 5 tweets. Señoras y señores, disculpenme, pero creo que la única manera de alcanzar la objetividad aquí será a través de la subjetividad. En adelante les digo, esto no es una crítica como las que suelen leer en este medio, y por lo mismo les suplico me perdonen.

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Podríamos sentarnos horas y horas a decir que la crítica estadounidense está comprada, que Rotten Tomatoes es el anticristo o que nadie tiene derecho a emitir opiniones negativas de DC, pero seríamos unos tercos si lo hiciéramos. La verdad es que, lejos de ser todo una teoría de conspiración maquinada por los Illuminatis y reptilianos usando un gorrito del club de Mickey Mouse, DC Comics apresuró su universo fílmico, provocando problemas estructurales que quedan muy claros al meter una docena de nuevos personajes que se supone deben interesarnos.

Por unos minutos, Suicide Squad fue la luz al final del túnel, la tierra prometida. Se esperaba excelencia y nada menos. El detalle con el DCCU es que no se enfrenta a una batalla. DC es enemigo natural de Marvel, como también de los críticos, de los no iniciados en los comics o de otros fanáticos de DC. Malditos DCliebers, arruinaron DC. Así, tenemos los que le tiran hate a la película por “no ser de Marvel” y a los que la odian por “no parecerse a las de Nolan”.

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Vamos a afrontar las cosas con serenidad: Suicide Squad es una película que, como entretenimiento, no está mal. Tachar de estúpida una cinta que incluye un hombre mitad cocodrilo y un chicano que saca fuego de sus manos es una necedad innecesaria. Tenemos un cast carismático interpretando personajes que agradan en situaciones ridículamente peligrosas, no esperemos que David Ayer nos de una odisea kubrickiana, porque no tiene motivos para hacerlo. Es cine de acción, punto.

Margot Robbie, Will Smith y Viola Davis se roban la película. Cada uno otorga la profundidad necesaria a sus personajes, y queda evidente que se la pasaron como niños haciendo la cinta. Jared Leto aparece diez minutos, entonces nos evitamos decir que “es una decepción”, o que “es un Joker millennial de la mara salvatrucha con actitud de gángster genérico”, como un colega elocuentemente mencionó en su “crítica”. Si pueden ver todo eso en diez minutos, renuncio, no juego en su misma liga. Con el tiempo que sale, intimida y abre el apetito para que lo veamos en acción próximamente, pero esta no es su película (aunque le daremos el strike a marketing).

La introducción de personajes es muy descuidada, y deja más claro que nunca el grave error de DC al armar ensambles con gente que no conocemos. Algunos de ellos no figuran para nada en la trama (léase Slipknot) y otros aparecen de la nada (véase también Katana). Jai Courtney está muy bien como Tom Hardy como Capitán Boomerang. No obstante, la música ayuda montones a la narrativa, y en general tenemos un ritmo hábil, con mucha acción y algunos respiros.

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Se notan a leguas los agregados en el guion y los reshoots, con chistes apareciendo como remate a escenas que no los necesitan. Afortunadamente, algunos de los gags conectan perfectamente y provocan algunas risas genuinas. Le sumamos a los aciertos unos visuales muy imaginativos y creativos, muy bien sacados adelante con una cinematografía convincente.

Entonces, si bien es cierto que la película tiene fallos, y algunos de ellos son muy grandes, también es válido aceptar que estamos ante un entretenimiento veraniego en un año que había flojeado bastante. ¿Nos hemos vuelto tan cínicos para no poder disfrutar reconociendo defectos? ¿O no poder ver los errores porque nos cegamos con el amor?

Yo sé que al final del día, queridos lectores, en la crítica de cine no existe una objetividad completa. Quienes entren a ver Suicide Squad pensando que les va a encantar, la defenderán, mientras que el que llegó listo para odiarla ha esperado un año para escribir en su Facebook que Jared Leto no es Heath Ledger. Así es la vida, compañeros. El que quiera, que la disfrute, y mientras tanto, ustedes disculpen.