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Hace un par de años, los millenials de la CDMX comenzaban a visualizar a sus nuevos ídolos musicales con la llegada a la escena de Little Jesus. La banda nacional no tardó ni unos cuantos meses para volverse una realidad: les llegaron shows de a montones, varios miles de seguidores en sus redes sociales y todo esto sin ni siquiera haber lanzado su primer álbum. Pronto llegó Norte a satisfacer los oídos de todas esas personas que se habían enterado de la existencia de este proyecto mexicano que se propagó como todo lo que vale la pena: de boca en boca. Tanto era el hype generado alrededor de Little Jesus que, a principios de este año, Santiago Casillas y compañía tuvieron la titánica tarea de ser el acto abridor de la banda de rock más grande del mundo, sus satánicas majestades, The Rolling Stones. Ahora, con el fenómeno Little Jesus un poco más controlado, llegó el momento de conocer lo que estos capitalinos son capaces de hacer para su segundo material titulado Río Salvaje.

El tropi-pop simpático y medio desmadroso de la banda se han transformado en este nuevo disco que tiene un balance de aciertos y fallas que no se pueden pasar por alto. La principal falla que le encuentro es la exageración de esos momentos instrumentales que alargan canciones que iniciaron siendo buenas y terminaron por ser insufriblemente extensas, tal es el caso de Mala Onda, La Luna (¿nueve minutos?, ¿es en serio, era necesario?) o Trágame Tierra. Es un disco en el que se nota que la banda tuvo muchas ideas y propuestas que lanzaron a las canciones de un solo golpe y sin terminar de concretarlas.

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El inicio de este Río Salvaje es algo así como dubstep, tal vez no sea su fuerte pero logra que desde ese momento parezca algo muy distinto a Norte. Esto se transforma en un rock con más guitarras en un intento por incluir diversos géneros en un sólo tema, formula que repiten en casi todas las canciones de este álbum. Si hay una canción que realmente muestra la esencia divertida con la que la agrupación que conquistó a miles es La Magia, con una sola escuchada ya resulta bastante pegajosa y muy fácil de aprender. Es evidente que en este track todo funcionó mucho mejor que en otros. El grupo se siente más cómodo con este tipo de rolitas. Otra de las buenas propuestas es Golden Choice, pues representa un cambio importante a comparación con el disco anterior pero sin dudas logra un sonido muy disfrutable. Es esa canción lentita y medio retro que le da vida a este álbum.

El intento de esta agrupación por expandir sus horizontes musicales se quedó a medio camino. No es un mal producto, definitivamente no lo es, sin embargo es un material que se pecibe incompleto en cuanto a la ejecución de ideas que probablemente eran ambiciosas. Se agradece la manera de tomar riesgos en esta nueva producción, es algo que más bandas deberían hacer, sólo que sin precipitarse de esa forma.

Estos aficionados de las Chivas y del Bofo jugaron con largos espacios instrumentales en los que parece que pretenden mostrar todo lo que pueden hacer con sus guitarras pero simplemente terminan por volver tediosas las buenas ideas e ingeniosas letras que ya tenían las canciones. Simplemente hay mucho tiempo muerto en prácticamente todos los temas, excepto en TQM (en el que colaboran con Ximena Sariñana y Elsa Y Elmar), que tiene un final tan abrupto que francamente saca de onda. A lo que voy: este álbum podría ser el doble de bueno si durara la mitad.