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“Ahora trajeron bien poquitos músicos”, una chica frente a mí levanta la cabeza y no puedo evitar quedarme viendo su maquillaje a lo Siouxsie Sioux. “Bueno, amor, es que cuando los vimos en Berlín, la banda literalmente vivía ahí”, responde su novio, detrás mío. Me concentro en ver el escenario para evitar preguntarles todo sobre las otras veces que han ido a un concierto de IAMX, algo que los mexicanos (o al menos los simples mortales, como yo) hacemos hoy por primera vez.

“Ay, hubiéramos llegado quince minutos antes y hubiéramos estado hasta adelante. Chris Corner se deja sabrosear por todos los de la primera fila”, comenta la chica Siouxsie. No estamos a más de tres personas del escenario.

Después de una hora de estar parada, sin internet, escuchando hablar a la pareja antes descrita, se apagaron las luces y las reemplazó una iluminación de un color rojo intenso y un corazón bombeando sangre en cuatro pantallas acomodadas a lo largo del escenario. I Come With Knives sonó para calentar. El suelo tiembla al ritmo de los sintes. La mitad de la audiencia salta, gritando la letra de la canción, la otra sostiene sus teléfonos para grabar el evento (¿por qué se hacen eso a ustedes mismos, gente?). Pasamos a The Alternative y Chris se roba otro pedazo de mi corazón con un “no me esperaba esto” entre canción y canción, refiriéndose a la euforia de la audiencia. El suelo sigue temblando.

La música sigue, con una calidad de sonido típica del Lunario. Las imágenes en pantalla podrían pertenecer a una exposición hipster del MUAC: blanco, negro, alto contraste de colores, gotas de agua, rostros de personas, el video musical de Happiness, tan bello como cualquier otro contenido visual de IAMX. Janine Gezang va al frente del escenario con su bajo, sacando la lengua. Jon Siren toca la batería, sin camisa y sacudiendo su larga melena negra de un lado a otro.

A pesar del calor, Chris no se quita el adorno de plumas que decora su cabeza, pero se desabotona la camisa por un tiempo. Sí, sí se deja toquetear con bastante ánimo. Sí, sí debí de haber llegado quince minutos antes. Nos lanza un poco de su bebida, todos lo disfrutamos como si nunca nos hubiéramos mojado.

Incluso los chicos que están grabando saltan al ritmo del beat de Nightlife, sólo para bajar el ritmo y cantar Insomnia con los brazos extendidos hacia arriba, gritando en cada oportunidad. Escucho tres “te amo, Chris” seguidos a mi izquierda. Él también los escucha y sonríe.

Ya van diez canciones. La energía del público sigue a tope, pero Chris al fin se quita el adorno y se sienta a descansar un rato. Empieza a sonar el beat de North Star y se levanta apresurado en cuanto escucha que el público ya está cantando el primer verso sin él. El adorno vuelve a su cabeza con Aphrodisiac y Sammi Doll baja a saludar a la audiencia. Chris gime tres veces un “only you” dirigida a los mexicanos al final de la canción. Todos responden con una ola de gritos que opaca a los sintetizadores.

Después de haber oído todas mis canciones favoritas, decido que es hora de ir a la parte de atrás para disfrutar de los visuales. Suena Your Joy is My Low. Chris se baja con la audiencia para recibir la máxima sabroseada, justo en el lugar donde yo estaba unos minutos atrás. Sigue cantando. Me quedo viendo la escena, analizando el significado de la palabra “arrepentimiento”. Chris vuelve al escenario y, después de un breve descanso, nos da el último elemento que faltaba para una velada perfecta: intimidad.

“Casi nunca hacemos esto, pero es nuestra primera vez en México. Es una ocasión especial”, Chris se acerca a un sintetizador y le pide a Sammi que sostenga su micrófono. “Hace mucho tiempo que no toco el piano”, confiesa, antes de pedir más reverb y, en una completa improvisación, toca Missile. Desafina, sigue cantando. Se equivoca, le da igual. Le pide a la audiencia que lo ayude a completar los tonos que no alcanza. “Ojalá estén lo suficientemente enamorados como para considerar que eso cuenta como Missile, se aleja del sintetizador, riendo, para volver al micrófono y despedirse con Mercy.

Las luces se apagan, sale del escenario. La audiencia grita “IAMX” suficiente tiempo como para que salga a rematarnos con Kiss + Swallow y I Am Terrified. La gente sigue gritando y se niega a salir, con la esperanza de que haya otra última canción.

Yo camino fuera del Lunario, pensando en lo mucho que lamento que la humanidad entera no haya podido ver ese concierto.