Para entender esta particular banda, o dúo, o cuarteo, o colectivo artístico al que haya llegado momentáneamente ser, tuve que retrotraerme al origen mismo de los integrantes… Dos entrerrianos, oriundos de la ciudad de Concordia, que llegaron a Buenos Aires hace ya unos ocho años, con un sonido proto-punk, a prueba de errores pero con mucho coraje para la experimentación.

El hecho de ser del mal llamado interior no intimida a nuestros héroes. Es algo que llevan con orgullo y su sonido es más newyorkino que muchas de las bandas que hay en la escena porteña.

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El dúo esta compuesto por Juan Bautista y Leandro, o Pichi y Pori, en batería y bajo. Y aunque les ha costado unos cuantos años de contemplación y experimentación, hace poco más de un mes sacaron su primer disco Boicot Bijou, ya estan a las puertas de un Ep que se llamará Látigos.

Los disco debut suelen tener esa inocente frescura de la primera, mezclada con falta de profesionalismo en cuanto al costado instrumental, haciendo que uno, como escucha, perdone esos detalles por ser, justamente, un disco debut.
OchoigualBe cambia eso. Y los hace de forma total, porque, sin dejar de unos “cabecitas negras de interior”, sus letras, sus tiempos, su personalidad, sus ojos desquiciados, no hablan de arbolitos, ni de vacas de pestañas llenas de ternura. No, para nada.

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XP, tal vez su punto más alto trata de vos, de aquel y de mi. Trata de ir a buscar laburo y que no te lo den porque no tenés una mierda de experiencia en un mundo laboral en el cual no das el perfil, simil “Carrer Oportunities” de The Clash.

Doble Problema, roza la esquizofrenia, o la ilusión de la misma… el particular efecto dopelgänger, que habla de los gemelos opuestos.

Crítica Social es tal vez su punto más alto. La letra misma si pudiera ser más de resistencia sería un partido de izquierda. Y la más pretenciosa a nivel musical, junto El Nuevo Juguete de la Asiática.

En resumidas cuentas, es un disco más que recomendable y en un poco más de media hora te van a dejar preguntándote un par de cosas…

Puede tener una entrevista con Pori, cantante de la banda y esto fue lo que nos dejó:

¿Cómo y dónde se conocieron?
Él tenía su batería acá, yo conseguí un bajo… eso en el 2009, en Buenos Aires.

Y cómo fueron esos primeros pasos… siendo del interior, acá en la Capital, intentando llevar adelante una banda de rock?
Al principio eran fechas que nos salían de rebote, muy despacito. Pero con mucha suerte… cuando menos quisimos acordarnos, ya habían pasado seis meses desde que nos habíamos puesto las pilas, tercer o cuarto año de tocar, estábamos tocando en el ya clausurado Zaguán Sur, con Los Subs y teniendo una respuesta formidable de parte de un público que no nos conocía.

El disco salió recién este año, ¿Por qué tanta demora?
Fue muy natural todo… sí querés verlo en la balanza… Lo cierto es que pecamos de cómodos. Pero si querés ver el ahora, lo cierto es que estamos más fuertes que nunca, decididos, con experiencia. Pasamos millones de cosas de etapas personales que nos llevó a consolidarnos como personas, y por lo tanto, como músicos.

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Demuestran en vivo una sola entidad en el show vivo… Un monstruo de dos cabezas que agarra a sus víctimas y la acorrala hasta que pida clemencia… ¿Cómo se llega a ese nivel de complicidad?
Se da porque somos raíces de un mismo árbol, tenemos la impronta de cierto sentido de la aventura que fue para nosotros venir a buscar suerte, a romperla. Salimos del mismo barro entrerrianos y de ese barro, amoldamos a nuestra banda. Somos bichitos federales jajaja, llevamos íntimamente el hecho de la contracultura ya que no es lo mismo teñirte el pelo y escuchar Nirvana acá que hacerlo allá. Ahora, en el aspecto de la banda… llevamos una dualidad, como cualquier pareja, de amor y odio. En una pareja vivís situaciones copadas y situaciones de odio. Complicidad. Perderse tranquilamente.

¿La grabación del disco cómo fue?
Llamamos a un amigo de la casa, Antonio Carniel, el Tony, nuestro ingeniero en sonido. Él es parte de la banda, espiritualmente lleva el compromiso que nosotros tenemos. A Tony le encanta grabar, hacer “flasheos”, experimentación con el microfonear… un gran estudioso. Se morfa libros y manuales sobre técnicas de grabación, de montaje de sonido. Y lo ves laburar, ves el corazón que tiene. Te dice una toma más, y por más que a uno le haya gustado la primera, la haces, porque sabés que hay cosas que él ve que otros no ven. También estaba el tema monetario… Hay temas que él quería que saliera y otros que yo, y que no quedaron, tuvimos que adaptarnos a la situación

¿Cómo es eso de adaptarse a la situación? ¿Se vieron con tantas idas y vueltas, diciendo que si no agarraban al toro por las astas ahora, el toro se les va encima y se les escapa el disco?
Lo sentís cuando estás tocando. En un momento te calentás porque algo salió mal y puteas y querés tirar todo por la borda. Pero viene alguien que lo vió y te dice “salió bárbaro”, el batero te dice lo mismo, o al revés. Es esa cuestión que sale bien igualmente, mientras esté nuestro corazón metido.

Hablando de otra cosa… ¿Cúal fue el último libro que leíste, Pori?
Hace un tiempo que no leo nada… pero el otro día me dí cuenta que El Diario de Ana Frank me marcó mucho (silencios… seguidos por risas). La diferencia de que te encontrás en una sociedad con otra… como de repente tu microambiente se vuelve tu mundo. Esas cuestiones que, a pesar de todo, es muy cercano a un realismo mágico. El hablar en susurros. Cuando acepté que “que pendejo pajero que soy”, cuando acepté que mis influencias no eran Led Zeppelin, no eran Queens of the Stoneage… eso lo escuché cuando era grande. Escuchaba Sombras, escuchaba Daniel Agostini… escuchaba cumbia, cumbia cabeza. Tengo memoria de mi prima, que vivía en La Plata, alta rockera ella… cuando yo era pendejo, mi primera influencia que tuve del rock fue bajando de la habitación de mi primo, verla a ella con el pelo lacio negro, los labios y las uñas de negro, con una campera. Y arriba sonaba Mondo Bizarro de The Ramones, yo tenía nueve años, diez años. Y no escuché nunca más. Y años después volví a escucharlos. Y disfrutaba cada tema, cada nota, como si fuese la primera vez. Me pasó con el último de Ariel Pink, que sentí qué aprendí. Esto fue más distinto. Fue sentirme vivo.

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¿Cómo fue el sumar y restar integrantes? ¿Cómo golpea esto a una banda que está en sus primeras batallas, por así decirlo?
Y, va para atrás y adelante, hemos tenido bajistas extras (Brian Robles y El Mostro Fricoso) y fue genial, yo la imaginé siempre así la banda, con mi bajo haciendo de guitarra, otro bajo y batería. El disco lo grabó El Mostro que se llama Federico Francolini, que tiene su propia banda, El Jardín de los Irrecuperables. Hemos tenido también tecladista. Nos gusta mucho The Klaxons, y queremos ir en esa dirección para el segundo disco. Pero hoy en día somos nosotros dos. Nos hemos encargados de llenar un enorme hueco y creo que lo hemos hecho muy bien.

¿Cómo se maneja el tema de la falta de lugares, que desde el lugar del músico, en teoría, debería afectar mucho menos, pero que quien hace el show?
En el Show hay participantes, de ambos lados del telón. Nosotros los músicos adelante, aunque estamos en una escena que está todo mezclado. Te pega desde un nivel emocional, y vas preguntando dónde podés encontrar para tocar, pero que no encontrás y ves que tenemos lugares dónde mostrar tu arte, y no afectaría tanto, pero uno se rompe el alma para poder tener ese “producto” para mostrar, que te morís de ganas de mostrar y que no podés. No logramos las mismas garantías que hubiésemos tenido en otras épocas.

Hay una frase que dice “yo elijo la situación para combatirla”… para cualquiera que viva acá y que tenga dos dedos de frente, se dará cuenta que se está yendo todo por la borda, sin embargo, es una ciudad que por la riqueza cultural, por la onda misma que tiene la gente, se quiera quedar a pelearla, y a crear un nuevo espacio.
Pero eso sucede a todo nivel. Hablaba hoy con un amigo, que es de el Chaco, decía, que se ponía triste porque sus amigos se quedaban en Resistencia y ellos no tenían la oportunidad. Nadie que cuestiona su lugar de pertenencia es feliz. Voy a mi trabajo y veo a mis compañeros y pienso “si yo tomara este camino, laburaría feliz, ascendería fácil” pero no es lo que quiero. Yo conozco mucho a mi familia, conozco mucho a mis raices. Y quien conoce a sus raices, le da frutos.

Para cerrar… ¿Qué es “ser entrerriano” en Buenos Aires?
Es hermoso, porque Entre Ríos tiene una deuda tan grande con los porteños como ellos con nosotros.
No me he sentido discriminado… al contrario. A mi me asustaron mucho los porteños, me chorearon bastante, pero no por entrerriano. Es como cuando te conoces con los pibes del bar. La clave es encontrar la humanidad en las personas.