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Hace algunos años que una camada de cineastas ha intentado desarrollar un cine de terror y suspenso distinto. En sus manos hemos depositado el destino de un género que parecía totalmente muerto. Desde la aclamada The Babadook (2014) al renacer ochentero de It Follows (2014), pasando por la paranoia de Oculus (2013) y la crudeza de Ich Seh, Ich Seh (2014), son varios los esfuerzos que estos nuevos realizadores han imprimido en la formación de esta nueva ola.

La Bruja, del debutante Robert Eggers, bien podría ser el punto cumbre de esta tendencia, al menos hasta este momento. La trama sigue a una familia británica que, tras emigrar a Nueva Inglaterra, es expulsada de su comunidad por sus ideales puritanos. En medio de la nada, llevan una  vida tranquila hasta que la desaparición de su hijo más pequeño los lleva a una caída libre.

El brillante guion desarrolla un aspecto psicológico maravillosamente. Un cuento macabro sobre la manera en que lo sobrenatural y lo que no comprendemos puede cambiar las mentalidades y llevarnos a cuestionar nuestras creencias más firmes. Al presentar perfectamente a cada personaje, comprendemos las motivaciones que los hacen seguir, y nos duele más ver la degradación de su salud mental en pantalla.

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La ambientación del siglo XVII es sencillamente perfecta. Elementos como la vestimenta, costumbres, construcciones, los roles de género e incluso el idioma, hacen de La Bruja una experiencia de inmersión como pocas. Ayuda mucho una fotografía exquisita, que respeta los establishing shots y la cámara estática, y construye en sí misma un suspenso e incomodidad creciente. Envuelve de manera perfecta un soundtrack tétrico, asfixiante y lleno de cánticos tenebrosos, que pone los nervios a flor de piel.

Por si fuera poco, tenemos unas interpretaciones sorprendentemente sólidas por parte de los actores más jóvenes (una revelación total la actriz Anya Taylor-Joy, en su primer rol acreditado) y actuaciones soberbias de los adultos que les acompañan, y que sirven para sumergirnos más en el misterio y la incertidumbre de una época en la que aún había muchas cosas que simplemente se veían incomprensibles.

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El punto débil es la manera en que se ha desarrollado el marketing de la película. Mucha gente espera una historia de terror con sustos espontáneos y apariciones repentinas de brujas en el bosque, y en su lugar se encuentran con un relato de coción lenta, contemplativo, agobiante y tenso sobre la mente de una familia que se enfrenta a la pérdida y al aislamiento. Sin embargo, para aquellos que busquen un cine de suspenso distinto y sustancioso, La Bruja es la opción que han estado esperando.