Por: Ollin Armenta López

Al parecer, la última revolución musical vino con la tecnología, con las nuevas plataformas de acceso a la música, la desmaterialización de ella. Nos ha permitido almacenar y archivar la música en cantidades desorbitantes, lo cuál nos ha traído ciertos efectos a la hora de consumir y contemplar la música. Simon Reynolds es un historiador inglés, para muchos, el mejor crítico sobre la música del siglo XXI. Sus aportes, con libros como Retromania, Postpunk y Después del Rock, brindaron un panorama diferente a la nostalgia, al consumo y a la música en sí misma. Tuve la oportunidad de charlar con él y lanzarle algunas preguntas inquietantes sobre su visión de la industria, la cultura y el futuro de la música. Esto es lo que me dijo:

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Ángel Armenta: Simon, ¿cómo su puede explicar la nostalgia? Aquella que nos hace guardar cassetes, discos o comprar un boleto para el concierto del reencuentro de alguna banda que dejó de tocar hace décadas. ¿Crees que la nostalgia dejó de ser un sentimiento para volverse una fórmula de marketing?

Simon Reynolds: Justamente parece ser una emoción humana universal. ¡Puedo recordar sentirme nostálgico a los 7 años por mis 4 años! Hay una tendencia a idealizar el pasado y pensar que las cosas estaban mejor entonces. Ciertamente, conforme envejeces y alcanzas la media edad, tiendes a mirar hacia atrás al entusiasmo de ser joven cuando tantas cosas –fuera descubrir música, o enamorarte por primera vez- se sentían tan intensas y nuevas. También está la nostalgia generacional, cuando un grupo entero de edad ve hacia atrás con melancolía de la música, la moda, u otras formas de entretenimiento de su juventud. Como con todas las emociones humanas, el capitalismo entra a explotarlas – ya sea deseo sexual o inseguridad, deseo de aventura o la necesidad de sentirse especial. Alguien entrará a proveer productos o servicios para satisfacer esos anhelos. Así lo es con la nostalgia.

Los medios también descubrieron que los artículos y programas centrados en la nostalgia son atractivos para las personas. Por lo tanto hay una sobreproducción de programas y temáticas que deliberadamente incitan nostalgia.

AA: Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de contemplar la música, al parecer hoy en día nos gustan más las canciones que los discos o las bandas. ¿A qué crees que se deba?

SR: Tal vez la gente siempre ha preferido solamente escoger canciones a tener que comprar un álbum entero, pero esa opción no estaba disponible en el pasado. Podías comprar o pedir prestados álbumes y hacer un mixtape, pero era un proceso laborioso, caro también – fuera por tener que comprar el álbum o por el costo de los casetes en blanco. Ahora es fácil solamente probar y comprar las canciones que te gustan, las que son instantáneamente atractivas. Por esto el álbum como una pieza de arte unitaria en la que inviertes tiempo y esfuerzo para experimentarlo, conocerlo y disfrutarlo se ha convertido en un interés minoritario. Un arte especializado que parece pertenecer a otra era.

AA: Entonces…nos gustan más las cosas pero las amamos menos. ¿Tendrá que ver con el acceso tan fácil a la música y, en sí, a todos los productos de la industria cultural?

SR: Sí. Es muy fácil acceder a la música sin tener que pagar por ella, sólo escuchándola a través de YouTube, Bandcamp o Soundcloud, o a través de un servicio de streaming como lo es Spotify. Cuando no inviertes tu dinero ganado en un álbum, la relación con el álbum es menos intensa –no sientes la necesidad de perseverar con un disco y dejarlo crecer en ti. Te mueves rápidamente hacia algo más. Rozas a la música, la pasas superficialmente. Comienzas a reproducir un video en YouTube pero antes de llegar a la mitad, algo en la barra lateral con otros videos te hace querer dar clic y ver eso. Hay un término psicoanalítico para esta clase de intensa conexión entre emoción y deseo: catexis. Los consumidores digitales de hoy están pobremente patentizados, sus deseos derivan irregularmente a través de la red, fácilmente aburridos, impacientes, buscando el sugar rush, la solución instantánea.

AA: Como consumidores de música, ¿qué tan responsables somos ante lo que “elegimos escuchar” con el mp3 y el Shuffle?

SR: Somos responsables, pero además la tecnología y las plataformas nos alientan a no tener descanso, a ser inconstantes, volubles – las compañías quieren que sigamos dando clic, a ellos no les interesa si escuchamos solamente una parte de un video de YouTube o de un disco en Spotify antes de brincar a algo más. Ellos cuentan clics, no qué tan concienzuda o profundamente hayas escuchado o leído algo.

Cosas como Shuffle nos liberan de la carga de la elección, es como crear una especie de versión personal de la radio, lo que es disfrutable de la radio es el juego entre predicción y sorpresa, viejos favoritos y canciones nuevas. Shuffle tiene algo de ese efecto pero el rango de las selecciones se limita a lo que tú pones en tu aparato.

AA: Pasemos a tus libros, Retromanía, la adicción al propio pasado y en alguna entrevista hacías la analogía de la droga. ¿Qué placer o sensación nos provee esta adicción, esta droga y de qué somos dependientes?

SR: Con “adicción” creo que la metáfora está menos relacionada a las drogas y más con la expresión “oil addiction” (adicción al petróleo) – la idea de que el occidente en general y Estados Unidos en particular sufren de una dependencia crónica a la gasolina, a los combustibles basados en fósiles; al hecho de que amamos tener toda esta energía supliendo nuestras casas y vehículos, y esto creó ciertas clases de problemas geopolíticamente hablando. (Aunque ahora menos, dado que Estados Unidos está produciendo mucho más petróleo doméstico). La adicción al petróleo está destruyendo al medio ambiente a través del calentamiento global. Entonces, para mí, la cultura pop parece ser dependiente de sus antiguos recursos: sus archivos, depósitos de ideas, estilos, etc.

Los usa de nuevo porque: ¿cuántas veces puedes revivir los sesentas, el punk rock, los ochentas? Pronto más valor musical puede ser extraído de estos estilos. Supongo que la analogía con el petróleo podría romperse un poco dado que se puede alegar que reciclar viejas ideas musicales de hecho es ecología del sonido. Se usan a fondo ideas que fueron pasadas rápidamente durante algunas eras de la historia del rock, cuando las cosas se estaban moviendo muy de prisa. Entonces, ¿por qué no volver al post punk, por ejemplo, que sólo duró unos pocos años y extraer más “valor” del sonido de Gang of Four, Joy Division, Wire o Talking Heads?

Pero en realidad no quiero decir que puedas comparar recursos culturales con económicos o minerales. Definitivamente hay una sensación de que la música pop no está generando suficientes ideas nuevas ni nuevas direcciones y que se encuentra rehaciendo sin final cosas que ya pasaron una, dos o hasta tres veces (soul de los sesentas, garage punk, etc.) Hay una especie de “subida” similar a la de las drogas al explorar el pasado, los viajes que tomas a través de YouTube, cuando revisitas viejos programas de TV que disfrutabas de niño (en mi caso, de los 70) o música vieja. Puedes hacerte adicto a ese golpe de redescubrimiento.

AA: ¿Qué revolución inconclusa tiene la música y con quién?

SR: La Revolución Inconclusa era originalmente el título de mi libro de post punk. Creo que lo hizo el subtítulo en la edición en español, ¿verdad? Pero en mi libro original no me centro en ese principio – en el prólogo estoy construyendo el contexto entero del post punk, una mirada amplia y una de las ideas centrales alrededor de 1978-1979, era en la que el punk había sido una convulsión necesaria pero que musicalmente no había sido una revolución en realidad – era un regreso al rock’n roll básico. Además involucró a la mayoría de las bandas grandes de punk firmando con sellos importantes. Entonces el elemento “incompleto” que el post punk intentó proveer fue: en primer lugar, una visión más expansiva y radical sobre a donde llevar el rock, lo que últimamente llevó a varias direcciones de un-rock, anti-rock, post rock envolviendo ritmos de baile, sonidos electrónicos, noise, etc. En segundo lugar, el desarrollo de disqueras independientes y modelos de distribución alternativos, acercamientos de hágalo-usted-mismo, etc.

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AA: ¿Realmente es necesario romper todo para empezar de nuevo?

SR: No necesariamente- en ese caso el título es acerca de capturar el espíritu de ese tiempo, que era un rompimiento total con la tradición, intentos de transformar radicalmente como operaban las bandas, su relación con la industria discográfica, las políticas de género y sexualidad, la actuación, etc. Era un intento de crear una revolución musical. Encuentro estas fases muy emocionantes, soy afortunado de haber vivido a través de dos fases de total convulsión en la que hubo un gran intento de romper con el pasado, la era post punk cuando yo era un adolescente y el techno rave a principios de los 90. El sentimiento en ambas estaba presente pero con la visión en el futuro. Había innovación en la música pero también en cada aspecto de la cultura, desde la ropa hasta al baile, de la infraestructura del negocio al criticismo alrededor de la música, su presentación y actuación, al empaque de los visuales y los gráficos. Postpunk y rave eran movimientos.

Es muy estimulante presenciar y participar en esa especie de cambio total. No puede pasar constantemente, tiene que haber fases tranquilas de relativa estática y lento desarrollo, así como estas fases rápidas en donde todo parece brincar hacia adelante.

Pero hay otras formas de música y periodos de historia musical que son mucho más sobre evolución gradual, construir sobre lo que llegó antes. La música negra tiende a moverse hacia adelante, abrazando nuevas formas de tecnología, pero siempre está al tanto de su historia. Su espíritu es lo que yo llamo “raíces y futuro” tomando prestado el título de un grupo de rave llamado Phuture Assassins. Ya sea reggae, hip hop o R&B de hoy, tiendes a tener un proceso de dos vías en la producción – por un lado, abrazando la última tecnología, técnicas de grabación, buscando sonidos “frescos” y por el otro, ecos concienzudos o reciclajes de fases más tempranas de la música. Entonces en el reggae de baile por lo general hay gente trabajando ritmos de las raíces de la era reggae en los 70; en hip hop tienes samples del soul, R&B y funk o sonidos que miran hacia el electro de los 80. En la música negra se tiende a tener las mismas enormes disrupciones y revelaciones que ocurren – bueno, que solían ocurrir – en el rock, tienes esta evolución constante y gradual. La música negra se las arregla para honorar a su pasado sin caer en la trampa del retro.

AA: El espíritu punk del cuál hablas en Postpunk parece difuminarse en las nuevas bandas ¿quiénes adoptan el espíritu punk hoy en día?

SR: No veo que nadie lo tenga en realidad. Literalmente se podría decir que Pussy Riot es el espíritu del punk.

AA: Sé que trabajas sobre un libro del glam rock en los años setenta. ¿Qué relevancia cultural encuentras en este movimiento?

SR: Los últimos siete u ocho años, en la música pop se ha visto un resurgimiento de la teatralidad, artistas intentando ser injuriantes o decadentes, además de un interés en la flexión de género y la ambigüedad sexual. Lady Gaga obviamente es la más famosa exponente de estas ideas, pero las tenemos de diferentes maneras con Nicki Minaj, Janelle Monae, Ke$ha, Amanda Palmer, Perfume Genius y más.

AA: ¿Cómo vislumbras el futuro de la música? Parece que así como hay nostalgia por el pasado hay un culto desmesurado al futuro ¿qué opinas?

SR: Creo que desde que escribí el libro ha habido un notable incremento en la música de diálogo del “futuro” retórico sobre el futuro o el imaginario del futuro. Pero suele verse envuelto en una especie de reciclaje de viejas (80 o 70) ideas de “futurístico”. Cuando escucho a, por ejemplo, Holly Herndon, es bastante impresionante como trabajo, pero no se siente ajeno – se siente como algo bien establecido- como una ampliamente establecida idea de cómo debe escucharse la música futurista o experimental, cómo opera. Entonces se siente como que de algún modo el futuro se ha convertido en un género. Una colección de clichés o, al menos, imágenes establecidas a fondo. En Hollywood ha habido un incremento en ciencia ficción, ya sea en un futuro cercano y distópico como The Hunger Games, o el drama del espacio exterior en Interstellar. Al ser un viejo fan de la ciencia ficción, estas películas no se ven tan nuevas –el escenario de The Hunger Games es similar a cosas como Frederick Pohl y Gladiator At Law de CM Kornbluth, la cual fue escrita en 1950. Interstellar es solo 2001 Odisea del espacio pero no tan buena – compleja, absurda. El futuro se ve familiar de nuevo, no hay un impacto de lo desconocido.

Casi siento que el concepto del futuro en las artes ha sido explotado por completo. Lo usamos en los 60 y 70, de nuevo en los 80 y finalmente con el techno-rave en los 90. Entonces es difícil ir más allá de las imágenes y sonidos que connotan “futuro” y que fueron distribuidas con tal abundancia durante estos periodos. Lo genuinamente desconocido, no escuchado y no visto con anterioridad no será lustroso, estéril, brillante o todos esos clichés de “futurístico”.

Acá en México se leen mucho tus libros, se agotan de vez en vez. ¿Te lo puedes imaginar cuando tus libros hablan en su mayoría de sucesos en Inglaterra, su sociedad y sus bandas?

No sabía que hubiera tal seguimiento en México. Estoy muy satisfecho de escuchar eso. Supongo que la música pop anglofónica – por ejemplo,  pop de Inglaterra y Estados Unidos (y a veces de Canadá, Australia, Nueva Zelanda) – tiene un atractivo mundial y su influencia e historia es de interés para gente de otros países. Traducir mis libros al español era algo que yo quería que pasara durante mucho tiempo.  Estoy feliz de que esto finalmente sucediera con Caja Negra en Argentina, con tres de mis libros y con Contra en Barcelona publicando Energy Flash el año pasado. El español es uno de los idiomas más grandes en el mundo por lo que la idea de que mi trabajo sea accesible a lectores potenciales en Latinoamérica así como en España es obviamente muy emocionante.