maxresdefault

Es indudable que las propuestas nacionales cada vez toman más fuerza en la cartelera. Hace un tiempo que se experimenta una racha de estrenos mexicanos que llegan firmes a la taquilla, y entre todos ellos, una de las propuestas que pintaban más interesantes era El Incidente, ópera prima de Isaac Ezban.
Consideremos primero que la ciencia ficción es un territorio muy poco explorado en nuestro cine. Pocos son los realizadores que se atreven, y la mayoría de las veces terminamos con bodrios infumables que demuestran una triste inexperiencia en este tipo de proyectos.
Ahora bien, agreguemos el paso perfecto de la cinta por todos los festivales en los que se exhibió (incluyendo Cannes, donde fue muy bien recibida), su 90% de frescura en RottenTomatoes, y el aclamo universal que ha recibido entre la crítica independiente foránea. Ciertamente, las credenciales con que se presenta El Incidente son sorprendentes para una producción de su tipo.

Después de constantes retrasos, la cinta por fin ha llegado a nuestras pantallas, y es con gran pesar que debo informarles una cosa: el hype está totalmente injustificado.
La trama gira alrededor de tres historias contadas de manera paralela: Un par de hermanos intentan escapar de un agente, y entre la persecución quedan atrapados en unas escaleras contínuas; una pareja de recién casados llega a un hotel; un viaje familiar se convierte en una pesadilla cuando se adentran en una carretera infinita. Una premisa sumamente interesante y atrevida, que comienza perfecto.
En su arranque, Ezban tira toda la carne al asador ofreciéndonos un plano secuencia de antología. Sin embargo, es también muy pronto que notamos su dificultad para elegir el encuadre correcto, dando como resultado una serie de tomas incómodas, forzadas y que no contribuyen en nada al sentimiento general de la película.

 

incidentecannesb
De esto podemos deducir el principal (y muy grave) problema de la producción: se nota un nivel de amateurismo impresionante, con fallos primarios como la sombra de la cámara en algunas escenas, o errores de continuidad groseros.
Los actores están sencillamente fatales. Sus lecturas del guión llegan a rozar el ridículo, y sacan al espectador de todo atisbo de filosofía y profundidad. A esto le sumamos los extraños close ups que el director elige durante buena parte de la película, mismos que nos facilitan ver las gesticulaciones mal logradas de todo el reparto.
Por si fuera poco, acompaña a todo esto un diseño sonoro que debería ser penado con cárcel. En varios momentos los diálogos se encuentran desfasados con la imagen, algunas cosas que se ven en pantalla no hacen sonido alguno, otras tantas sutilezas suenan más fuerte que el tráfico de las 7 a.m., y la cereza en el pastel es sin ninguna duda la horrorosa mezcla, con el soundtrack a todo volumen mientras la audiencia batalla por entender lo que los actores están diciendo.
Hacia la segunda mitad, es muy triste observar como una cinta aparentemente prometedora termina tornándose en un chiste de mal gusto, cada vez más descuidado y precipitado, llevándonos a una resolución totalmente insatisfactoria, aunque con algunos toques de brillantez que hacen aún más duro el desencanto. Al final, nos encontramos con un bucle interminable de posibles desenlaces, muy ad hoc con la temática de la cinta, pero que tendrán al público mirando el reloj una y otra vez esperando los créditos con ansias.
En resumidas cuentas, resulta inexplicable el aparente amor que se le profesa a esta propuesta en todos los festivales que pisa. Sus fallos básicos harían enojar al más relajado de los críticos, y pese a un buen arranque y una premisa inmejorable, poco a poco va cayendo en los peligros de su propio infinito. Una caída en picada dolorosa, interminable y sumamente decepcionante.