Hace un par de años decidí aislarme debido al concepto demencial del solipsismo, que si mal no recuerdo lo saqué de un cuentito de Borges. Su significado me arropó y me contrarió abismalmente, le pregunté al mejor maestro de filosofía que tuve cuál era su opinión sobre el solipsismo. “Es muy peligroso”, declaró. Ahora puedo hablar sobre ello como un exadicto.

El solipsista cree que su cerebro es el único en el universo y que las personas con las que interactuamos son producto de nuestra delirante alucinación. Significa que eres el único ser con vida. Tal idea ultra esquizofrénica se les ocurrió a los griegos. Fue refutada fácilmente porque: a) Entonces ¿qué pasa cuando mueres?, b) Si en verdad fuéramos creadores de nuestra realidad no nos auto-flagelaríamos.

A pesar de sus incongruencias fui devorado por la idea solipsista hasta topar pared con el colmo del egocentrismo.

Pero Batman acudió al rescate.

Durante el 2016 convencí a mi cerebro de que se repitiera el siguiente mantra: si cada ser humano se refugia en sí mismo no volveríamos a herir. Únicamente así devendríamos una raza pacífica, solitaria y filosófica. Creí firmemente en la frase de Sartre: “El infierno está en los otros”. Llegué a pensar que salir a la calle era absurdo, que uno podía ser feliz en reclusión y así haría menos daño a la naturaleza y a sí mismo.

Para reforzar mi cautiverio comencé la redacción de una novela titulada “Quedar Mal Con Los Estegosaurios”. Trataba sobre un fulano que le escribía un correo larguísimo a una amiga explicando por qué era necesario renunciar al mundo y sus convenciones, porque un auténtico creador tenía que ser ultra antisocial para ver la realidad desde afuera y entenderla o reformarla. Además, desde otra dimensión un estegosaurio manipulaba telepáticamente al fulano para hacerle creer que el confinamiento era la solución a su mediocridad.

Al releer mis ideas de aquel entonces siento pena. Cómo pude ser tan necio y proclamar aquella oda ilegible a la soledad insensata. Al menos cambié de parecer gracias a un documental titulado The Swedish Theory Of Love (2015) y a The Lego Batman Movie (2017).

Antes de contarles estaría chingón que las vieran ahora mismo antes de continuar leyendo.

¿Ya, eres mejor persona?

En algún lado leí que desafortunadamente en nuestros tiempos el arte resulta más un tema de diálogo en lugar de un elemento transformador. A muchos académicos les parece mainstream imaginar que los humanos podemos cambiar gracias a la catarsis emitida por una obra maestra. Ninguna experiencia estética es idéntica y no podemos pedirle peras al olmo pero ¿dónde está el valor social del arte si no es en criticar constructivamente nuestros ritos y costumbres? De tal forma deviene exponencialmente más potente y trascendental. Aquí entre nos, después de leer “La Tumba” de Ernesto Sábato dejé de sentir los celos tortuosos que fragmentaron mis primeras relaciones amorosas, eso no significa que los eliminé, pero se redujeron.

Primero que nada, Lego Batman fue creada gracias al éxito comercial y emocional de The Lego Movie (igual, si no la has visto, te espero, no hay prisa). Cada que hablo sobre una peli que me conmueve quisiera mostrarles mi alma antes y después de verla. Quisiera contemplarla con ustedes, atisbar sus rostros. Saber si la amaron y si los conmovió.

Lego Movie atrapa mediante chistes exquisitos que le parten la madre a la idea de estar atrapado en la rutina del capitalismo atroz. Emmett (voz de Chris Pratt) cree ser un constructor cualquiera destinado a seguir los instructivos que le dan. Por coincidencia, se le pega un objeto a la espalda y es convocado por un grupo de Creadores entre los que se encuentran una mujer increíble, una especie de Gandalf Negro (Morgan Freeman, quién más), un pirata robótico, un gato unicornio y Batman. La conclusión es una epifanía descomunal: todos somos capaces de crear. Si alguna vez jugaste con Legos, no seguir el manual que venía con el juguete era la victoria de la imaginación. Cuántos cosmos esculpidos con aquellos bloques.

El personaje de Batman (voz de Will Arnett, icónico en Arrested Development y BoJack Horseman) versión Lego provocó tantas carcajadas que se ganó un spin-off. Orquestado por Chris McKay y con un elenco preciso a bordo (Zack Galifanakis como el Joker, Rosario Dawson como la comisionada de policía, Michael Cera como Robin y Ralph Finnes como Alfred, entre otros magos) el film recibió ovaciones estratosféricas por doquier. Por que en primera instancia consiste en una antología de bromas y parodias a la saga de Batman hilvanadas a una trama que propulsa la incógnita: ¿podemos realmente cambiar? Abre con la cita de ‘Man in the Mirror’ de Michael Jackson.

El cambio en Batman

Nuestro héroe salva el día ante cada adversidad que acecha Gotham, pero es incapaz de aceptar que necesita a los demás. Batman está construido bajo el arquetipo del misántropo ególatra. El secreto que lo agobia está oculto en la última foto que se tomó con sus padres. Los rasgos que definen a un ente anti-social derivan en una amargura impostada, en un rechazo hacia cualquier tipo de lazo a pesar de que el cuerpo y la mente nos pidan conexiones profundas, en una megalomanía exasperante y una profunda negación de los propios miedos y vacíos.

El mérito de la película reside en que al protagonista se le brindan muchas oportunidades para cambiar y entender que el individualismo es un callejón sin salida, reflejando lo complejo que es desarraigar una idea (recomiendo este comic sublime de The Oatmeal).

A Batman se le despoja de un sentido en la vida cuando el Joker encarcela a todos los criminales a manera de venganza porque su archirival se niega a aceptar que son enemigos, ni siquiera puede decirle “Te Odio”. Después se le entrega un niño adoptivo que funciona como una metáfora de hallar sentido en educar a un desconocido o mediante la paternidad. Cae en la cuenta de que no lo invitan a las fiestas de la Liga de la Justicia porque aleja a todo mundo y finalmente ahuyenta a sus compañeros justo después de aprender que si puede trabajar en equipo. ¿Por qué lo hace? Según él por miedo a perderlos, pero no es así: tiene miedo a volver a sentir el abandono tras perder a alguien. Batman es vulnerable y debe aceptarlo para retomar su destino: “nadie puede ser un héroe trabajando solo”.

Batman no es sueco

Necesitamos un empujón por parte del buen arte o de algún sabix para huir de las enajenaciones dañinas que se apoderan de nuestro modus vivendi. Lego Batman no habría resonado tan demoledoramente si no la hubiera relacionado con el documental The Swedish Theory Of Love (2016, Dir. Erik Gandini), en él se desentrañan los misterios de individualismo sueco. ¿Por qué se están suicidando tantos, por qué las mujeres prefieren fecundaciones in-vitro, por qué en las calles no hay niños y familias jugando, por qué en los países tercermundistas somos más felices? Por una concepción errónea del mundo. Creyeron que la felicidad estaba en el perfeccionamiento del individuo, dejando a un lado la gestación de vínculos sociales auténticos.

Al final del documental, el recientemente fallecido sociólogo Zygmund Bauman pronuncia: “Una vida feliz significa superar cualquier problema. Se pierde la felicidad cuando la comodidad aumenta. Estar con otras personas no te lo puede proveer el estado. Las personas entrenadas en ser independientes están perdiendo la habilidad de cohabitar con otras personas, porque te privas de las habilidades para socializar, es cansado, requiere esfuerzo el proceso de negociación y de estar de acuerdo con otros. Estamos dividiendo nuestra vida en on-line y off-line. Conectado y desconectado. La vida online está libre de riesgos. Los riesgos de vivir. Eso es fácil: hacer amigos de Internet, nunca estás sintiendo realmente tu soledad, si no quieres comunicarte te desconectas. Lo que ves inevitablemente es la diversidad de la raza humana. Tienen que enfrentarte al hecho de comunicarte. Y en lugar de probar que tú eres sabio y los demás son estúpidos, es al revés. Los demás son sabios y tú eres estúpido. Mientras más independiente seas más incapaz eres de detener tu independencia y cambiarla por una muy placentera interdependencia. Al final de la independencia no hay felicidad, solamente hay vacío, sinsentido por la vida y un aburrimiento inimaginable.”

¿Y a ustedes cuál obra artística les ha modificado al ADN?

Gracias Batman, gracias Suecia por hacerme reaccionar. Menos mal que aprendimos a evitar la infelicidad por los siglos de los siglos.

A menos que…

(Nunca mencioné que fuera sencillo)