Un incidente deja a Ícaro huérfano, sin otra opción es llevado a una casa en la que hay más niños sin padres como él. Ícaro prefiere que lo llamen Calabacín, pues ese nombre y una lata de cerveza, son los únicos recuerdos que le quedan de su madre.

La vida de Calabacín (2016) es una película francesa de animación stop motion que cuenta la historia de cómo Calabacín se enfrenta a una nueva casa llena de niños solitarios. Un contexto sórdido, cruel y causado por incidentes violentos se olvida inmediatamente con el brillo de la inocencia. Calabacín envía sus de dibujos a otras personas narrando las vivencias con sus nuevos amigos; una fiesta infantil, un paseo por la nieve o una cena de disfraces, conforman una película cálida y llenan de ternura

La película tiene impresionantes detalles en la animación que enaltecen las emociones por los ojos tan expresivos de cada personaje. Continuamente podemos sentir a través de sus expresiones y olvidar que estamos viendo niños animados en plastilina. Claude Barra y su equipo de trabajo logran la nominación al Óscar a la Mejor Película de Animación pero además intentan posicionar la animación como una técnica que recrea lo imaginario a través de la memoria y los sentidos.

Un filme cálido y tierno con el que reflexionamos sobre los sentimientos ajenos, puros e infantiles. A demás permite al espectador recordar la infancia con nostalgia para afrontar la soledad y el miedo con un amor solidario. Una película necesaria para imaginarnos el dolor y soledad que viven los huérfanos. Como espectador resulta encantador y conmovedor admirar los vínculos de afecto que nos hacen olvidar la expresión de dolor y abandono.