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Para Daniel, que anoche sorteó las lágrimas del rock.

 

A los 16 años un amigo mío de la preparatoria me llevó a Tepito a comprar DVD´s, películas y conciertos, ese día solo yo llevaba mochila así que mi amigo por comodidad metió bonche de DVD´s en mi mochila y regresamos a taxqueña. Al llegar a nuestros respectivos camiones sacó sus cosas, sin darse cuenta que olvidaba un par al fondo entre algunos cuadernos y una botella de agua, y así, ambos partimos. Dos discos habían quedado conmigo, uno era de Jimi Hendrix, el otro, era de Led Zeppelin.

Yo siempre he dicho que a mí el rock me llegó muy tarde, y claro que había oído hablar de “eso” llamado Led Zeppelin, pero no tenía idea a qué sonaban, quiénes eran, pero cuando decidí por curiosidad poner aquel DVD y poner play, lo primero que salieron de las pequeñas bocinas de mi televisor fue Immigrant Song, desde luego desde ese día, no fui el mismo y lo digo por el hecho de que voló la cabeza y  se convirtió en la banda que para mí y mi hermano, nos abrieran las puertas al mundo del rock.

Todo empezó con ese DVD, al poco tiempo ya había investigado sobre ellos, que el vocalista tenía una cabellera y una voz fuera de este planeta, que su guitarrista para muchos, es el mejor de la historia, que su baterista se ahogó con su propio vómito y  que su bajista complementaban una maquina perfecta de rock, y así pase los años de mi preparatoria escuchando a Led Zeppelin, con la nostalgia de preguntarme si algún día los vería en vivo a los tres que nos quedan vivos, pero siempre en el fondo supe la respuesta, no.

El día de ayer, cerca de las 11:00 pm, un tipo con una barba larga, con más facha de místico que de guitarrista irrumpió el escenario indio del vive latino, se sentó y se colocó la guitarra en los muslos, comenzó con los primeros acordes y la mitad de su barba volaba en el escenario mientras la otra mitad en el universo, la gente de a poco comienza el éxtasis de romper en gritos al ver a la leyenda, así como constantemente le gritaban –¡eres una leyenda! –  y entonces apareció su mítica figura, su cabello largo y dorado con una camisa negra texana, un anillo en la mano derecha cogiendo el micrófono al son de Babe i’m gonna leave you y entonces todo fue ensordecedor y el nivel y ritmo nunca bajo, siempre estuvo más allá de lo que cualquiera o al menos yo, hubiese imaginado. Después de un par de canciones más, nos saludó con un español atropellado, y nos preguntó ¿Dónde está? ¿Dónde está el perro negro? Y otro momento de furor y fiereza se hacía presente, la lluvia amenazaba encima de nosotros, pero respetó el ritual, y los que alrededor, formábamos parte de la experiencia. Entre canciones de su proyecto solista con algunos instrumentos no convencionales que ensamblaron a la perfección y de manera pulcra en canciones que iba desde el blues, el country hasta el rock macizo.

Con piezas de su proyecto como solista y otras de Led Zeppelin como: Babe I´m Gonna Leav You, Black Dog, Whole Lotta Love y para cerrar en esta bella tradición de pedir al final del concierto –otra, otra, otra- Rock´n roll.

Sin duda fue un acierto dejar a Plant cerrar el primer día de actividades del festival, pues mostró todo el virtuosismo de lo que alguna vez vi a mis 16 años, esa voz y ademanes que no se perdieron y que dejaron en claro que el rock tiene cabello largo y dorado y nosotros los que lo vimos, todavía no recuperamos la voz ni el llanto.