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Me veo a los 9 años de edad, sosteniendo un reproductor de video de donde sobresale un cable blanco que conduce hasta mis odios. Recuerdo ese aparato con mucho cariño, fue mi primer acompañante musical y por lo mismo el gadget que serviría para establecer y dar forma a mis gustos musicales. Mismo que nunca se encontraba vacío (por música proporcionada por mi madre), pero que únicamente mostró una constante en todo su lapso de vida: la discografía de Gorillaz, al igual que sus videos musicales y uno que otro concierto se encontraban dentro.

Gorillaz fue mi primer amor (literalmente), fue la banda que conectó a todas las demás cosas que empecé a escuchar a finales de la primaria y principios de la secundaria. Aun hoy en día encuentro que me gusta tal cosa gracias a que Gorillaz se encuentra tan impregnado en mi mente como la tabla del 2. La historia creada por Jamie Hewlett y el material audiovisual que él mismo proporcionó al proyecto también me ha influido de sobremanera y no puedo estar más feliz de ello.

No me considero para nada una enciclopedia musical, de hecho me considero más bien un ignorante dentro de prácticamente todo género musical, pero creo que se me considera de tal manera debido a que tengo algo que la mayoría de la gente no encuentra y esa es la facilidad para encontrar en todo movimiento un gusto, uno real. El autor ganador del premio nobel J.M. Coetzee dice en su novela “Diario de un mal año” que el mayor signo de la deshumanización que estamos viviendo es que el hombre se está volviendo especialista sólo en una rama del conocimiento, la que a él le interesa, pero que el hombre verdadero siempre va a encontrar algún punto de interés en todo. Y así pasa con la música.

 

Damon Albarn se había especializado en Blur a otorgar un sonido inglés. El imaginario del deber ser inglés en la década de los 90 incluso se le atribuye a él y es debido a esto que Albarn se especializó sólo en hacer música pop inglesa (britpop pues) durante varios años. Fue hasta 1996 cuando se dio cuenta de los maravillosos sonidos que estaban surgiendo en américa al mismo tiempo (sobretodo notable la influencia de Pavement). Para el 98 ya había viajado a Islandia y a Malí, de donde obtendría una gran cantidad de ideas para experimentar rítmicamente con el disco más experimental de Blur “13”. Con el paso del tiempo Albarn devoró y devoró más música, más películas, más libros, más cultura y es por ello que tuvo que dejar a un lado a Blur y a todo el significado que su agrupación otorgó a Gran Bretaña en la última década del milenio para empezar a hacer la música que verdaderamente le interesaba.

Encontró en Jamie Hewlett al único hombre que lo acompañaría en este proyecto que acabaría con su hambre por crear. El hombre, un caricaturista de renombre, se encontraba en ese momento en una etapa bastante difícil de su vida, por lo que empezó a vivir junto a Damon en un bote. La historia de que concedieron la idea de dar vida a 2-D, Murdoc, Noodle y Rusell debido al aburrimiento que les causó ver Mtv es vieja y muy contada, pero a la vez es parte fundamental para entender el porqué de las caricaturas.

Damon quería deshacerse de su nombre por completo y del significado musical que venía junto a este. “No nos interesa que nos reconozcan por nuestro nombre, sino simplemente por la música” diría en numerosas ocasiones para la NME. Es algo bastante lógico tras el miedo que seguramente sintió al presentar algo que absolutamente nadie hubiera esperado de su figura de muchachito bien que cargaba en Blur; un disco de rap con tintes de Trip-Hop, acid house, reggae e incluso dub en combinación con segmentos rítmicos que devienen de su amor por la música africana y de la utilización de instrumentos típicos de lugares como Hong Kong.

 

Es increíble si me preguntan la forma en como Damon hizo de todo este pastiche de influencias algo completamente digerible, tan digerible que el proyecto ahora encabeza festivales como Glastonbury. Pero lo cierto es que la naturaleza única del proyecto, hablando únicamente del aspecto sonoro, es lo que le dio su éxito.

En este primer disco además contó con colaboradores de los distintos géneros antes mencionados, como el aclamado músico cubano creador de Buenavista Socal Club Ibrahim Ferrer; el rapero experimental Del Tha Funky Homosapien; el productor de música de rap Dan The Automator y el exponente de Hip-Hop instrumental Kid Koala.

El trabajo sonoro no es lo único destacable en este proyecto (aunque con eso bastaría, contando con que hablamos de un disco). La historia creada por Hewlett para sus creaciones, quienes darían la cara y la voz al trabajo, es impresionante. Sólo con recordarles que directores de la talla de Terry Gilliam pelearon por obtener los derechos para una versión fílmica se da a entender la calidad de lo creado. Además de que instrumentos como la página web completamente interactiva y los videojuegos ayudaron mucho en darle mucha más vida a la propuesta.

Cada vez que me pongo a fanear dentro de un foro u ahora página de Facebook dedicada a este proyecto me doy cuenta de que no importa cuánto tiempo ha pasado de este disco, sigue siendo el primer acercamiento a la música para chavillos que apenas se van dando cuenta de la cantidad de emociones y de historias que se pueden crear gracias al disfrutar de algo como una escucha. Chavillos que además, como yo, se han perdido en el mundo ficticio creado por Jamie Hewlett para sus personajes, un mundo rico en influencias y en cultura.