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Normalmente se le reconoce al miedo como la emoción más fuerte de todas. El miedo es una reacción instantánea que tiene su punto máximo en su mismo surgimiento, contrario al amor que se desarrolla con el tiempo. Durante mi vida como escucha sólo he sentido miedo por un disco en cuatro ocasiones:

Aquella primera vez que puse el “Loveless” de My Bloody Valentine y las guitarras furiosas de Kevin Shields marcaron el inicio de “Only Shallow” me aterró; El video musical de “Little Trouble Girl” de Sonic Youth me generó bastantes pesadillas, mismas que resurgen cuando llego al tema escuchando el “Washing Machine”; Cada que escucho “Frankie Teardrop” de Suicide y los gritos de la narración sobre el asesinato llenan mis odios; y finalmente la primera escucha que tuve de Deafhevaen, cuando se introducen los gritos guturales en “Sunbather”.

Lo que tienen en común esas cuatro agrupaciones es que construyen siempre canciones largas, de experimentación sonora, llenas de capas, que van dirigidas a crear sensaciones libres a la interpretación de cada escucha. Cada una de ellas ha creado un punto y aparte en la historia de la música, o por lo menos podemos estar seguros de las primeras tres, aunque la influencia de Deafheaven ya empieza a ser notable.

Hoy, a 5 años del lanzamiento de su álbum debut: “Roads to Judah”, trataré de escribir sobre la importancia que este ha tenido dentro de la re-significación que se la ha dado el metal en esta última década.

 

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El metal ha sido desde hace varias décadas un género denigrado dentro de los medios de música que no se dedican únicamente a hablar sobre dichas bandas. No importa cuántos discos realmente notables tenga Napalm Death, o si muere el líder de Obituary, nunca se hablará de estas bandas como se hace de cualquier otro género. Por más importantes que sean para los seguidores de Loudwire, a la gente que asiste a Coachella parecen serles esas bandas como algo indigerible o de poca importancia artística (si hablamos de bandas más mainstream como Ghost B.C). En el último par de décadas sólo una banda ha logrado destacar en cada uno de estos portales, festivales y públicos: Deafheaven. Despertando una gran curiosidad sobre los géneros que combina.

Deafheaven no es una banda de metal alternativa como lo es Deftones; no es una banda que pudo clasificarse en un género más digerible, como lo pudo Alice in Chains dentro del grunge. Deafheaven es una verdadera banda de un género tan complicado como lo es el black metal. Y radica justo de ahí el cuestionamiento del por qué a Deafheaven se le han abierto espacios importantes para el público hípster y se le ha reconocido como una de las banda más importantes de la actualidad por el mismo. Incluso “Sunbather” se ha convertido en el primer disco de metal que ha logrado ser elegido, en general, como el mejor calificado en su año dentro de Metacritic. Además de que es el noveno más aclamado en la historia de la página.

Su disco debut, Roads to Judah, que combina el shoegaze con momentos de post-rock en su black metal, es sin lugar a dudas diferente, sólo por segmentos, a los que otras agrupaciones del género nos han entregado. Y es por ello que desde el lanzamiento de “Sunbather” a Deafheaven se le ha clasificado bajo su propia etiqueta: el Blackgaze.

Por momentos pueden sonar unas guitarras verdaderamente hipnóticas y melancólicas sobre sintetizadores planos y atmosféricos; por otros pueden escucharse grabaciones de suburbios y días de campo (algo bastante utilizado en el post-rock) y por otros los cantos guturales del vocalista, George Clarke, pueden ser el centro de atención de la pieza.

 

 

Violet”, la canción con la que abre de una duración de 12 minutos, empieza con tres capas de guitarras distorsionadas, una batería repetitiva. Se expande de tal manera que las melancólicas guitarras parecieran ser más bien gritos modificados con una consola… hasta que cae el redoble de tambor para empezar con un ritmo cardiaco y cantos guturales que golpean con violencia lo construido en su larga introducción.

La primera pieza de “Roads to Judah” resume por qué la importancia del disco y de la banda. Sus movimientos instrumentales son tan fáciles de clasificar en ciertos géneros, que no resultan ya indigeribles para un escucha que ha seguido momentáneamente a cualquiera de estos, y es por ello que es fácil que la combinación y rompimiento con géneros distantes para los escuchas del post-rock y del shoegaze, como lo es el blackmetal, resulte en una propuesta que genera bastante curiosidad e incluso adicción… a fin de cuentas es fácil declarar que Deafheaven es la única propuesta con la que los lectores de Pitchfork se han acercado a estos “nuevos sonidos”.

Lenguage Games” empieza de la misma manera, melancólicamente se nos presentan una serie de guitarras que elevando su intensidad cada tres tiempos logran dar con el ritmo de batería típico del Black Metal, aunque en un principio la soledad de estas remite a una emotividad fría, digna de cualquier agrupación de post-rock.

Unrequided” por otro lado juega mucho más con este tipo de introducciones: tres guitarras distorsionadas tocan a la par mientras otra sobresale tocando tres cuerdas. Pareciera el triste tema con el que se acompaña a la muerte de algún personaje de Evangelion… y contrario al resto del blackmetal, logran con este construir no sólo un tema catártico en su final, si no también un tema que llega a ser íntimo.

El último de los cuatro temas, “Tunnel Of Trees”, no dista mucho de lo ya mencionado. Es un gran cierre para un álbum que precedió al disco de metal más exitoso de las últimas dos décadas… y el más aclamado también. De una banda que ha logrado romper, casi sin quererlo, con el público meta al que su música va dirigida y es por ello que Deafheaven está destinada a algo que ninguna otra banda de la cual se puede leer en Loudwire puede…. romper los moldes.

 

Deafheaven.
Deafheaven.