Passion Pit es uno de los proyectos indielectrónicos más enérgicos de los últimos años. Dondequiera que Michael Angelakos se pare los astros se alinean y transforman el lugar en una pista de baile para millenials alegres que desean escapar un ratito de su realidad. Su nuevo disco, titulado Kindred no es una excepción, es el tercer capítulo de esta genial historia llamada Passion Pit. Este nuevo material fue producido por Chris Zane y lanzado a través de Columbia Records.

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Si hay algo que hace especiales a las bandas de electrónica indie son las vocecillas y gritillos de sus vocalistas. Estas voces son como un himno hipnótico que induce a un baile perpetuo. Es un álbum que quiere ser cantado, sin importar que quien lo escuche no se sepa las letras. Passion Pit es sinestesia pura, con unos cuantos segundos de escuchar su música y de concentrarse un poco hasta aparecen luces de neón en el aire.

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Este disco está lleno de pop que no es pop, pop que es algo más que pop. Tiene coros pop, de eso no hay dudas, lo repetitivo de canciones como Where The Sky Hangs lo demuestran, sin embargo hay canciones un poco más experimentales. En ocasiones incluso tiene ciertos rasgos dubstep, como ejemplos están Until We Can’t (Let’s Go) o, aún más notorias estas características en Teen Feet Tall (II).

En general este álbum es divertido, lleno de vida y completamente festivo. Tiene canciones que hacen que el emo más deprimido se ponga a mover los pies alegremente, como Lifted Up (1985), y canciones mucho más tranquilas, como Dancing On The Grave.