Tal parece ser un proceso cultural: algunas bandas o en este caso directores, les llega su reconocimiento del público y críticos muchos años después, así como a Joy Division, así como a Jim Jarmusch. Hace unos meses se ha exhibido en diferentes salas de cine el reciente trabajo cinematográfico del director norteamericano, dicho trabajo ha posicionado al cineasta entre los gustos más exquisitos de los cinéfilos. Sin embargo, Jarmusch es mucho más que este último filme de dos vampiros snobs y millonarios que, dicho sea de paso, la música de SQÜRL, y la fotografía de las calles de Tánger y Detroit, la hacen una dulce junto con el guión y la creación de personajes muy a la Jarmusch: lentos, pasivos, intrigantes.

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Desde hace unos años, el cine de Jarmusch ha sido considerado un poco difícil de digerir, y no por complejo al estilo David Lynch, sino por la creación y personalidad de sus personajes que van desde el nihilismo en Stranger Than Paradise o por ser una leyenda de la poesía encarnada por Johnny Depp en Dead Man o ser lo suficientemente valemadres para tener unas Permanent Vacation o de plano hilarantes, efusivos y adictos al Coffee and Cigarettes o ser un Ghost Dog que gusta del rap.

Jarmusch maneja a la perfección sus personajes y hace de la música un personaje más en sus guiones. Música como la de Screamin’ Jay Hawkins, Neil Young o Wu Tang Clan resalta en sus trabajos más importantes, así como lograr hacer que músicos actúen bajo su mando como el caso de RZA, GZA, Jack y Meg White, Tom Waits e Iggy Pop, nutriendo su idea de la música en su trabajo cinematográfico.

En hora buena llega el reconocimiento de este director que lleva años produciendo calidad cultural en sus filmes, sin embargo de la mano de Tom Hiddleston (Adam), Tilda Swinton (Eve), Mia Wasikowska (Ava) y John Hurt (Marlowe), personajes vampíricos en Solo los amantes sobreviven le llegó su justo reconocimiento como un director de calidad y fina hechura.

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