El sello de Paul Greengrass es odiado por muchos y amado por otros tantos. La cámara, en constante movimiento y con un estilo hand-held similar al de un documental, busca trasmitir en todo momento un sentimiento de incertidumbre e intimidad, de incomodidad y adrenalina. En Jason Bourne, su retorno a la franquicia del super soldado americano, tenemos todo lo que esperaríamos de él, y esto es al mismo tiempo su más grande acierto y su fallo estructural.

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La trama, que no revelaré para evitar spoilers, sitúa a nuestro tercer o cuarto espía favorito en una encrucijada con su pasado (gran sorpresa), y si bien utiliza este argumento para crear escenas de acción con suficiente punch, el guion llega a sentirse demasiado forzado y estirado, dándole motivos cuestionables a Bourne para volver a patear traseros.

Greengrass ha tenido mejores momentos. Jason Bourne carece de la tensión de su maravillosa Captain Phillips (2013), el suspenso de United 93 (2006) o la soltura en acción de las entregas anteriores de la saga. Tenemos, como es costumbre, una persecución automovilística bastante impresionante y golpes por doquier, pero la cinematografía que en esfuerzos anteriores ha creado la sensación de realidad, se muestra ansiosa esta vez, descolocando por momentos y volviendo las escenas difíciles de seguir.

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Matt Damon ha abrazado el papel, pero no le han dado mucho con que trabajar. Da la sensación de pasar la cinta en piloto automático, repartiendo balas de forma mecánica y sin mucha alma. Irónicamente, pareciera que mientras más averigua sobre su pasado, la personalidad de Bourne va en picada, pasando a ser un mero instrumento de la trama. Tommy Lee Jones está fatal, demostrando en todo momento una actitud de no querer estar ahí. Alicia Vikander y Vincent Cassel son evidentemente los que mejor se la pasan, elevando con su mera presencia el producto final.

Resulta curioso que John Powell, compositor de los scores de las tres entregas anteriores, comparta crédito con David Buckley, a quien escuchamos recientemente en The Nice Guys. Podríamos pensar que se buscaba evitar la monotonía en las melodías, pero al final nos quedamos con una BSO sumamente genérica, a la que le falta explotar su potencial.

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Por supuesto, para los fanáticos de Jason Bourne se trata de una sentada obligatoria. Al mantener un director en todas las entregas (las que involucran a Matt Damon, por lo menos) se ha creado una sensación de volver a ver a un viejo conocido. Sin embargo, si nunca se ha sido apasionado del estilo de Greengrass, no hay nuevos trucos que esta nueva entrega pueda ofrecer. Para quienes nos situamos en el terreno medio, probablemente sea la menos memorable de la franquicia, pero no deja de ser un divertimento temporal, de consumo rápido y que, pese a sus fallas, constituye uno de los puntos rescatables de un verano cinematográfico terriblemente mediocre.