Jamie Waters (Elizabeth Rice) es una exitosa periodista americana que, tras recibir una llamada urgente de su cuñado (Matthew Settle), viaja a Singapur a investigar la misteriosa muerte de su hermana, Anna. Su sobrina, Katie (Adina Herz), añade dudas a su deceso, jurando que Anna insistía en que volvería de la muerte siete días después.

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El Exorcismo de Anna Waters (una traducción inexplicable de The Faith of Anna Waters) es un manual de todas las cosas que no se deben de hacer en el género del terror, condensado en unos tediosos 95 minutos. Realizando plagios a otros exponentes del horror, que pasan de clásicos como El Exorcista a la más reciente El Conjuro, el cineasta asiático Kelvin Tong propone en su debut “Hollywoodense” (se trata de una coproducción, en realidad) una historia interesante, pero su incapacidad de llevarla a buen puerto y sus cuestionables decisiones terminan por perder al espectador.

La trama, que en un primer momento pareciera muy sencilla, se va complicando innecesariamente para insertar la mayor cantidad de elementos sobrenaturales posibles. Así, no tenemos una película sobre un demonio, sino que también encontramos fantasmas, rituales y hasta la modernización de pasajes bíblicos por medio del internet. Su exagerada reiteración de temas como el ateísmo o la alegoría a la Torre de Babel demuestran que los guionistas no confiaban lo suficiente en su audiencia.

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No ayuda en nada a Tong su falta de oficio al generar sobresaltos. Los movimientos de la cámara son muy torpes, y por momentos incluso revelan la sorpresa antes de que suceda. Se busca compensar la falta de suspenso con una insípida banda sonora compuesta de explosiones de sonido momentáneas, que descolocan y molestan rápidamente.

Rice hace lo que puede con el guion, mostrando sus mejores escenas al inicio de la cinta. No la acompaña el resto del cast, especialmente la fatal interpretación de la joven Adina Herz, a quien no le creemos nunca nada. Y habiendo visto lo que Jacob Tremblay hizo en Somnia, la edad no es pretexto.

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Resulta muy extraño que en su primer tramo la cinematografía se encuentra cuidada, y el dilema propuesto sea atractivo, sólo para desplomarse en el segundo acto uniendo un exceso de subtramas con una paupérrima edición, que se dedica a cortar y pegar escenas sin demasiada coherencia, y mostrando unos efectos especiales para los que el presupuesto obviamente no estaba preparado.

Al final, El Exorcismo de Anna Waters es un ejemplo perfecto del daño que un director sin demasiadas ideas frescas puede traer a lo que podría ser una premisa interesante. Definitivamente estamos ante una película que se perdió las lecciones de Terror 101, y en un mar de incoherencias, sus demonios terminan aniquilándola.

 

Autor Fernando