Con cuatro nominaciones al Oscar y otras tantas en la pasada entrega de los Golden Globes, Enemigo de Todos se convirtió en una sorpresa mayúscula durante la temporada de premios. Un thriller relativamente pequeño de crímenes en los pueblos áridos de Texas despertó el aclamo de crítica y público. ¿Es justificado el hype? Completamente.

David Mackenzie (Perfect Sense, 2011) logra con Enemigo de Todos un western moderno, emocionante y bien planeado. El guion de Taylor Sheridan se toma su tiempo para construir la tensión, sin perder agilidad gracias al gran sentido del humor que se imprime a cada personaje.

No quisiera decir demasiado de la historia, es mejor llegar sin grandes conocimientos. Basta con decir que Ben Foster y Chris Pine interpretan a un par de hermanos que se dedican a asaltar bancos, y Jeff Bridges es el oficial que tendrá como misión detenerlos.

El trío protagonista brilla con excelentes interpretaciones. Pine y Foster están mejor que nunca, apadrinados por un Bridges carismático, que dota de una profundidad inesperada a su personaje. Afortunadamente, la película no decide tomar la ruta fácil de elegir bando, mostrando dos lados con los que es muy sencillo empatizar, complicando en el camino la experiencia del espectador.

Hay dos aspectos de Enemigo de Todos que fácilmente pudieron ser más reconocidos por la Academia: la fotografía de Giles Nuttgens, con unos fantásticos encuadres que dotan intimidad a la historia al mismo tiempo que lucen las gigantescas locaciones, y la banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis. La conjunción de ambos aspectos crea una experiencia verdaderamente hipnótica.

Al final, este western moderno es tremendamente disfrutable, logra evitar el tedio pese a su ritmo semi lento, y avanza con convicción y cierta espectacularidad hacia un clímax lleno de suspenso, todo para entregar un mensaje relevante. Es por ello que Enemigo de Todos, como buen caballo negro, merece llevarse algunas victorias en la temporada de premios.

Autor Fernando