Año con año llegan a los cines decenas de infumables propuestas de horror, plagadas de clichés y que se apegan a una fórmula establecida, una especie de “chicharronera” en el séptimo arte. El Conjuro 2 coquetea peligrosamente con ese borde, pero tiene una diferencia fundamental que le permite salirse con la suya: James Wan es un director verdadero, con suficiente imaginación como para crearte un mal rato.

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En esta secuela de la exitosa película de 2013, Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga) deciden alejarse por un tiempo de su trabajo luego de un caso especialmente perturbador. Sin embargo, a miles de kilómetros, en Inglaterra, una madre soltera (Frances O’Connor) y sus hijos comienzan a sufrir lo que parece ser un acoso sobrenatural, y que día con día se vuelve más peligroso, especialmente para la pequeña Janet (Madison Wolfe).

El problema principal que parece aquejar al cine de terror contemporáneo es la falta de apego entre el espectador y los protagonistas. Muchas veces los personajes están tan mal escritos que la audiencia espera ver que sufran los castigos del más allá. En El Conjuro 2, Wan y su equipo de guionistas se proponen hacerlos identificables, y rumbo al final del primer acto no queremos que les suceda nada malo.

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Con este enfoque casi humanista que la saga ha tenido hasta el momento, el ritmo tiende a ser un poco pausado. Al menos en su primera mitad, no asistimos a un festival de sustos gratuitos. Cuando estos aparecen, la película se los ha ganado. No obstante, varios momentos importantes resultan tan efectistas que cuesta trabajo tomárselos en serio. Se ha dado cabida a un CGI que llega a resultar muy poco convincente.

Para sacar adelante una cinta así, es vital contar con un elenco comprometido. Afortunadamente, Farmiga y Wilson tienen una química irresistible, y entregan muy buenas actuaciones. La familia inglesa, por su parte, está muy bien en su rol, logrando transmitir toda la inseguridad y el miedo propios de la situación paranormal. Mención especial a Wolfe, que a su escasa edad ya va dando mucho de que hablar.

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Asistir a una sala de cine es incomparable con este tipo de películas, pues siempre es una diversión adicional el convertirse en cómplices de todos los presentes durante dos horas. Wan sabe exactamente donde posicionar la cámara, el movimiento adecuado para lograr que brinques de la butaca. Con tomas en perpetuo movimiento, el uso de planos secuencia (uno de ellos recuerda mucho a la primera parte, durante la introducción de los personajes en su entorno) y los acontecimientos justos en segundo plano, la experiencia resulta lo suficientemente incómoda como para asegurar la buena recepción de público y crítica.

Otro gran acierto de El Conjuro 2 es su ambientación británica de mediados de los setentas. Con un soundtrack jugoso y un sinfín de referencias a la época, resulta creíble en todo momento la ubicación temporal de la historia, y agrega bastante al sentimiento general de la trama.

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En general, un buen intento que, pese a seguir las fórmulas y clichés del género, se adueña de ellos entre personajes creíbles, historias desarrolladas y una dirección más que correcta. Tal vez no alcance el nivel de trascendencia de su antecesora, pues incurre en algunas fallas graves, pero para los que buscan un buen mal rato, sin dudas es una opción que no deberán dejar pasar.