Un año después de los acontecimientos de Buscando a Nemo, Dory se ha asentado en el arrecife con Marlín y su hijo. Sin embargo, un evento dispara en ella recuerdos de sus padres, a quienes perdió siendo una bebe-pez, lo que la pondrá en una nueva aventura para encontrarlos, luchando en el camino con su característica “falta de memoria a corto plazo”.

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Afortunadamente, Buscando a Dory está a años luz de Monsters University y Cars 2. Justifica bien su existencia con una trama que, si bien es predecible y trillada, ayuda a desarrollar bien un personaje que durante años fue un side-kick glorificado. Sin llegar a las grandes ligas de Pixar, la propuesta funciona lo suficiente para consolidarse como uno de los mejores estrenos animados del año (detrás de Zootopia pero muy por delante de todo lo demás).

La comedia está presente, y garantiza las risas de los niños y sus papás. Si bien es cierto que no genera un nivel de interés desmedido, nunca se vuelve pesada y su tiempo cómico está perfectamente medido para no distraer al espectador. Los personajes nuevos son bastante disfrutables, y aunque Marlín demuestra un extraño retroceso en su mentalidad, el resto de los viejos conocidos se comportan a la altura.

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Con Andrew Stanton al frente como director y guionista, resulta obvio que esta secuela respete mucho al material original, de manera que nunca pierde su esencia ni falta el respeto a su audiencia. Además, tenemos el regreso de Thomas Newman de vuelta en la música, haciendo guiños a su trabajo previo sin volverlo una calca.

La animación, como es constante de Pixar, es exquisita. La cantidad de colores y texturas incorporadas en los distintos escenarios planteados otorgan verdadera vida a los acontecimientos que en ellos toman lugar. Del mar abierto a las instalaciones de rehabilitación, todo tiene sellos característicos que demuestran que el equipo creativo no se tomó nada a la ligera.

Si bien es cierto que la película se descarrila hacia su último acto poniendo obstáculos forzados a Dory para que no logre su misión antes de tiempo, la nostalgia a la que apela la cinta nos mantiene pegados al asiento animando a personajes que el tiempo se ha encargado de volver entrañables.

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Buscando a Dory es un buen esfuerzo de Pixar por recuperar la reputación que algunos proyectos le han ido opacando. Es lo suficientemente divertida y entretenida para llamar la atención de niños y adultos, contiene un contenido emocional interesante (sin llegar a hacer llorar), y por fin da desarrollo a un personaje que a simple vista podría ser un chiste recurrente.

 

Como nota adicional, es obligatorio quedarse al final de los créditos para ver cómo se cierra un ciclo de la infancia de la mejor manera.