Ciudad de México, 13 de noviembre de 2013.durante el partido de ida del epechaje entre la Selección Mexicana de Futbol y Nueva Zelanda celebrado en el Estadio Azteca. Foto: Imago7/Itzel Devora

México es un país apasionado por el fútbol: desde las cascaritas que todos jugamos de niños, las retas adolescentes, el jugar con los familiares, e incluso ¿Por qué no? Equipos de personas mayores. Incluso hay un sinnúmero de mujeres que disfrutan de este deporte de entretenimiento. Quién sea mexicano sabrá que al fútbol siempre lo acompañan: las cornetas ensordecedoras, camisetas tricolores, bigotes falsos, rostros pintados con colores patrios, sombreros, las olas en los estadios, e incluso un hermoso grito que se ha puesto en boca de todos en la actualidad. Pero hay otro ritual que siempre acompaña a la selección, el canto más interpretado por los mexicanos: No, no estamos hablando del Himno Nacional. Nos referimos a “Cielito Lindo” del querido compositor Quirino Mendoza y Cortés – a quien por cierto, también le debemos el menos conocido Huapango-. Pero ¿Por qué una canción que narra el amorío dirigido a una mujer piel canela?¿Cómo es que llegó a ser oración de los fervorosos al balón?Mexico_2014_World_Cup_Home_Kit_(5)

 

Cielito lindo es algo así como un cantar: Ha pasado de boca en boca por generaciones, al cual muchos no lo relacionan con el soccer. Si hacemos una reflexión, la mayoría de las veces que se canta en un estadio no se inicia por la primera estrofa: Siempre saltan a la más importante “[…] Ay, ay, ay, ay, canta y no llores/ porque cantando se alegran/ cielito lindo los corazones […]”. Debido a su alto nivel metafórico de la vida de un mexicano. Aquella mujer piel canela de la que trata es nuestra utopía: el sueño guajiro que cada uno llevamos dentro, y que estamos destinados a realizar, aunque todo este en nuestra contra. El mexicano puede resistir hambres, la pobreza, pero aun así arriesga lo que tiene – y a veces lo que no- para disfrutar su presente. Viernes de resurrección, Fiestas en los barrios, “pachangas” sabatinas, y por supuesto, lunes de “vuélvanme a matar”. Cuando a uno de ellos- nosotros- les hacen algo, al poco tiempo se les olvida y vuelven a ser compadres.  Y, como no ha de faltar, cuando vamos al mundial, nos da ánimos para resistir una derrota, o mejor aún: para festejar una victoria. Y aún después de ganado el partido el mexicano es solidario y se une al contrincante. ¿A qué? A festejar, por supuesto.

¿Qué pueden esperar los extranjeros de una canción en un partido? Un sentimiento de fraternidad, de familiaridad con nosotros. ¿Por qué mentir? Cuando escuchamos “Cielito Lindo” se nos calienta la sangre, se enchina la piel, y el cantante que todos llevamos dentro sale a interpretar una que otra estrofa. Porque el mexicano es despreocupado de su futuro, carga con un pasado triste, pero que en el presente se ríe de todo eso y lo festeja. ¿No prefieren cantar sus penas a llorarlas?

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