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Texto y fotos: Fernanda Piña (@ifoughtthewar)

Luego de pasar unos cuantos días de intensa actividad sociocultural en nuestro país, que incluyeron una plática en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (a la cuál también asistimos) y una conversación con madres de jóvenes desaparecidas, la rapera chilena Ana Tijoux se presentó en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Las taquillas, desde unas horas antes de dar inicio al concierto, ya colgaban sus letreros de “localidades agotadas”. Al no haber acto abridor, la banda de Anita Tijoux subió al escenario antes de las nueve, seguida por Anita, para arrancar con Mi verdad. Los asientos del teatro sólo estorbaron, pues desde la primera canción la gente se puso de pie y no volvió a sentarse en toda la presentación. Posteriormente sonaron Shock y Vengo.

El público tomó un papel muy activo, entre la gente se veía una bandera de Cuba, letreros con consignas sociales y políticas y se escuchaban gritos a favor de la justicia, que tanto se pide en México y Latinoamérica. La presentación recorrió toda la discografía de la cantante pero se centró en su último álbum Vengo (2014). La chilena se mostró muy agradecida porque los asistentes lograron abarrotar el teatro. Anita tomó el micrófono en muchas ocasiones, introdujo Calaveritas, su canción más reciente, dedicándosela a nuestros muertos y, en medio de la canción, se la ofreció al recién fallecido revolucionario Fidel Castro. La cantante lucía sus mejores pasos de baile y sus rimas al ritmo de las trompetas.

“El mayor actor político y revolucionario es el amor”, fue lo que dijo entre aplausos la rapera, quien se a dedicado a través de los años a sacar la voz por los menos favorecidos y por hacer valer la justicia en América Latina con el subestimado poder de la palabra. La chilena mencionó su conversación con las madres de las personas desaparecidas y recalcó la importancia de sumar esfuerzos para esclarecer las desapariciones y asesinatos en el país. (En el conversatorio en la UNAM hizo mención del racismo existente no sólo por parte de los extranjeros sino también entre latinoamericanos).

Anita demostró su origen chileno al interpretar Luchín, una canción de un ícono de su país, Víctor Jara. En el primer bloque del concierto sonó también Sacar la voz y Las cosas por su nombre de su disco La bala (2011), así como Todo lo sólido se desvanece en el aire, Los peces gordos no pueden volar y una de las canciones que más prendieron al público y más hicieron bailar a Anita, Creo en ti, de su álbum Vengo (2014). La primera parte del concierto concluyó con Antipatriarcae hizo retumbar al Teatro de la Ciudad al grito de “¡ni una menos!”. No hay que olvidar que un día antes se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y vivimos en un país en el que a diario se registra una cantidad preocupante de feminicidios.

La chilena y el resto de su banda volvieron para ofrecer un encore de dos canciones que arrancó con 1977 y concluyó con Somos sur, la cual terminó de encender a los presentes antes de abandonar el teatro.

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Autor Fernanda