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El cine francés es verdaderamente único en el mundo. Ningún otro país tiene tanto poderío a la hora de mostrar las relaciones humanas desde una óptica innovadora. Tal es el caso de El Porvenir, nueva cinta de Mia Hansen-Løve, ganadora del Oso de Plata en la más reciente Berlinale por su audaz dirección.

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Nathalie (Isabelle Huppert) es una madura escritora y profesora de filosofía que, de una forma u otra, se encuentra atada a las diversas obligaciones de su vida. Sin embargo, una serie de eventos toman acontecimiento en un corto periodo de tiempo, obligándola a liberarse de sus cargas y experimentar una libertad que nunca había sentido.

Muchos directores con poca experiencia tomarían este argumento como una oportunidad para hacer un drama familiar centrado en la crisis de mediana edad. La belleza de El Porvenir reside precisamente en evitar ese tipo de lugar común, mostrando simplemente a una mujer cuya vida cambia radicalmente de la noche a la mañana, llevándola a cuestionarse las sutiles diferencias entre la felicidad y la tristeza, la soledad y la libertad.

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La cámara establece una total intimidad con Nathalie, siguiéndola religiosamente, sin perderla de vista ni un segundo. Justamente esta decisión permite al espectador empatizar totalmente con ella, comprender lo que siente y piensa, aderezado con una espectacular, sutil y muy honesta interpretación de Huppert. El resto del cast lo hace muy bien, pero no nos engañemos, este es un one-woman show.

Tenemos además un gran acierto en la habilidad de Hansen-Løve por otorgar un entorno histórico a la película, situándonos en un París dividido, con gente joven manifestándose ante lo que consideran reformas laborales erróneas, que curiosamente contrastan con el pensamiento de una generación que ama lo que hace al punto de trabajar hasta edades avanzadas sin necesidad de leyes al respecto. Esta maravillosa escenografía otorga una nueva profundidad a la cinta.

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La fotografía nos regala imágenes muy bellas, ya sea en una majestuosa playa o en una solitaria cabaña en las montañas, manteniendo siempre la cercanía con Nathalie y dándole un adecuado peso en cada encuadre. La curiosa elección de contar casi toda la historia visual basándose en paneos funciona maravillosamente, brindando ritmo a este drama de cocción lenta, y permitiendo que el espectador admire todo el detalle existente en cada escena.

El Porvenir es, pues, un ejemplo más de la ambición y crudeza del cine francés al contar historias con relaciones que pudiéramos considerar inusuales en nuestro lado del mundo, sin caer en estereotipos ni clichés. Se trata de un bello retrato de una mujer que se ve forzada a una libertad que no pidió, presentando un arco brillante para su protagonista, que debe aprender a vivir una vez más en una etapa avanzada de su vida.